Documento de consenso sobre el tratamiento y profilaxis de la Endocarditis Infecciosa
(0.4Mb)
Coordinador: Arístides de Alarcón Gonzalez
Autores: Juan Galvez Acebal, José
María Reguera Iglesias, Josefa Ruíz Morales, José María Lomas Cabezas
Indice
General:
- Introducción
- Epidemiología
- Patogenia y Clasificación
- Factores pronósticos
- Tipos de endocarditis infecciosa
- Síntomas y Signos Clínicos
- Laboratorio y Pruebas Complementarias
- Microbiología y Serología
- Criterios Diagnósticos
- Tratamiento
- Principios del tratamiento médico
- Tratamiento médico empírico
- Tratamiento médico específico
- Monotorización de los fármacos
- Tratamiento quirúrgico
- Anticoagulación
- Manejo de eventos en sistema nervioso central
- Seguimiento evolutivo
- Prevención de la endocarditis infecciosa
1. INTRODUCCIÓN
Realizar un documento de "consenso"
sobre un tema tan complejo y variado como es la Endocarditis Infecciosa y no
"morir en el intento" ha sido casi más complicado que la propia entidad que
abordamos aquí. Pocos desafíos hay tan impactantes para el infectólogo como
enfrentarse a un paciente con endocarditis, que puede aparecer estable un día y
al siguiente haber sufrido una complicación devastadora o sencillamente muerto.
La
colaboración multidisciplinar entrecardiólogos,
cirujanos cardiovasculares, intensivistas, internistas-infectólogos y
microbiólogos se hace imprescindible y aunque se ha avanzado bastante en los
últimos años, podemos decir sin temor a equivocarnos que la senda se reparte a
partes iguales entre luces y sombras.
En
esta guía hemos intentado ser lo más docentes posibles mediante un desarrollo
ordenado de los diversos aspectos de la enfermedad, buscando siempre su
utilidad en el quehacer diario de nuestro medio.. Aún a riesgo de pecar de
extensos hemos intentado abordar la mayoría de los aspectos que preocupan al
clínico, buscando siempre la máxima evidencia disponible (Tablas 1 y 2).
El apartado del tratamiento microbiológico es amplio, pero es obvio que es
imposible recoger pautas para todos los microorganismos capaces de producir
endocarditis, por lo que nos hemos centrado tan solo en los más usuales. Las
pautas recomendadas siguen en general las líneas directoras de otros consensos
nacionales o internacionales, pero en estas recomendaciones (y es aquí donde
quizás se justifiquen "unas guías más" aparte de las muchas existentes) hemos
querido ser más "atrevidos" en algunos aspectos cuando creíamos que había una
evidencia sustentadora suficiente, aunque tan solo fuese proveniente de
estudios experimentales.
Especial
cuidado se ha puesto en el apartado del tratamiento quirúrgico y las
complicaciones del manejo, porque tradicionalmente han sido los aspectos más
preocupantes para el no avezado en el tratamiento de esta entidad.
Finalmente,
los autores agradeceremos en un futuro los comentarios y críticas de todos
cuantos "sobrevivan" a leerla y estamos abiertos a todo tipo de sugerencias de
cara a mejorar su versión definitiva. Gracias de antemano por vuestro esfuerzo.
Tabla 1. Nivel de evidencia disponible
| Nivel de Evidencia |
Evidencia disponible |
| A |
Al menos dos ensayos
randomizados sostienen la recomendación |
| B |
Un solo ensayo randomizado
y/ó un meta-análisis de estudios no randomizados y/o varios estudios no
randomizados pero bien diseñados sostienen la recomendación |
| C |
Opiniones de expertos
basadas en algunos estudios no diseñados a tal fin y su experiencia clínica |
Tabla 2. Fuerza de las recomendaciones según el nivel de evidencia
| Fuerza de la recomendación |
Definición |
| I |
Evidencia y/o acuerdo
general de que un determinado tratamiento o procedimiento diagnóstico es
beneficioso, útil y efectivo. |
| II |
Evidencias contradictorias
y/o divergencia en las opiniones sobre un determinado trataiento o
procedimiento diagnóstico |
| IIa |
La mayor parte de la
evidencia y/o opiniones apoyan su uso/eficacia |
| IIb |
Su uso/eficacia no es tan
evidente ni hay tanto acuerdo |
| III |
Existe evidencia y en
general hay acuerdo en que el procedimiento diagnóstico o el tratamiento no
es ni útil ni efectivo e incluso en ocasiones puede ser dañino. |
2. EPIDEMIOLOGIA
La
endocarditis infecciosa (EI) es un cuadro cuya incidencia se cifra entre
2.4 y 5.9 episodios/100.000
personas-año según las zonas [1-4] y que tampoco supone un importante
porcentaje de ingresos en un gran hospital, cifrado en alrededor del 1% [5,6].
Sin embargo, a pesar del claro descenso de la valvulopatía reumática (una de
sus enfermedades predisponentes) en el mundo occidental su incidencia parece
haber aumentado en los últimos años por diversas razones: endocarditis derecha en ADVP (ahora de nuevo
en descenso), mayor número de intervenciones cardiacas, aumento de patología
valvular degenerativa en pacientes añosos, mayor número de intervenciones de
sustitución valvular, procedimientos diagnósticos o terapéuticos invasivos
capaces de generar bacteriemia y, posiblemente, una mejora en el diagnóstico
precoz debido a pruebas complementarias más exactas y fiables (ecocardiografía
transesofágica, técnicas microbiológicas), así como una mayor concienciación de
los clínicos sobre su existencia [7]. Sin embargo, su importancia se deriva no
tanto por su incidencia como por su alta mortalidad (11-40%, según sus diversos
tipos), si no se alcanza con prontitud un diagnóstico y tratamiento correctos [8].
3. PATOGENIA y CLASIFICACIÓN
Producida por la colonización
bacteriana secundaria (desde un foco bacteriémico) de agregados trombóticos
sobre el endocardio valvular. Se forman así unas estructuras, que asientan
fundamentalmente sobre las valvas cardíacas, conocidas como vegetaciones o
verrugas, constituidas por un conjunto de células inflamatorias, fibrina, plaquetas
y, posteriormente, gérmenes que en un alto inóculo se reproducen dentro esta
estructura y pasan luego a sangre originando una bacteriemia continua,
destrucción de la válvula por el proceso inflamatorio y fenómenos embólicos a distancia por el desprendimiento de partes de esta estructura friable.
3.1. FACTORES PREDISPONENTES:
Podemos agruparlos en dos tipos:
- Aquellos que
favorecen el flujo sanguíneo turbulento en cavidades cardiacas [9,10]
con el consiguiente depósito de agregados trombóticos sobre zonas de endotelio
dañado (endocarditis "ésteril") y la posterior adherencia (endocarditis
"infecciosa") de ciertos gérmenes con especial "habilidad" en este sentido
[11]:
- Lesión
cardiaca anterior (reumática, congénita, degenerativa...)
- Endocarditis
previas
- Prótesis
valvular
- Cirugía
cardiaca con implantes
- Marcapasos,
catéter intravascular central.
- La aparición
de bacteriemia que desde un foco lejano colonizará los agregados
trombóticos primitivamente estériles [12-17 ]:
- Adicción a
drogas por vía parenteral
- Manipulaciones
de riesgo sobre territorios habitualmente colonizados por gérmenes, que rompen
las barreras cutáneas o mucosas poniendo en contacto los gérmenes con el
torrente circulatorio: endoscopias digestivas, cirugía genitourinaria,
manipulaciones dentales, manipulaciones con catéteres, hemodiálisis...
- Foco
infeccioso extracardiaco (ej: absceso cutáneo)
3. 2. TIPOS DE ENDOCARDITIS
INFECCIOSA:
Pueden clasificarse por el
lugar donde asientan (corazón derecho o izquierdo), su presentación clínica
(aguda, subaguda o crónica) y por el germen que las produce.
Grupo 1.- EI izquierda sobre válvula
natural (aórtica o/y mitral). Según su evolución podemos distinguir:
- EI
subaguda: Es aquella que presenta más de dos semanas de evolución
sin importante deterioro del estado general. La etiología más frecuente de este
grupo es: Streptococcus del grupo viridans (50%), Streptococcus
bovis (25%), Enterococcus faecalis
(10%), y Staphylococcus epidermidis (2-5%). Su curso es habitualmente silente, con fases en las que no hay fiebre o
solo febrícula. El deterioro hemodinámico es muy progresivo y a veces el
motivo de ingreso en el hospital no es la fiebre, sino un fenómeno embólico
(por ejemplo un AVC isquémico o hemorrágico) o un fallo cardiaco por
incompetencia valvular severa (edema agudo de pulmón). La mortalidad es baja
(4-16%) para aquellas producida por S.viridans y S. bovis [18-23],
aunque puede elevarse hasta el 15-25% en aquellos casos producidos por
enterococos [24-29] e incluso aún más en aquellas producidas por S.
epidermidis [30-33]
- EI
aguda: Es aquella con menos de dos semanas de evolución y rápido
deterioro del estado general. La etiología más frecuente es: Staphylococcus aureus y bacilos gram
negativos si bien estos últimos son
mucho menos frecuentes. Afecta especialmente a ADVP, pacientes renales con
múltiples manipulaciones (hemodiálisis) y también inmunodeprimidos o pacientes
con enfermedad de base severa (cirrosis hepática). Es además una causa cada vez
más frecuente de EI de origen nosocomial en pacientes (especialmente los
ancianos) sometidos a múltiples manipulaciones y que no siempre muestran una
cardiopatía predisponente [4,7,23]. Por todo ello, en las series más recientes,
la EI por S. aureus es quizá la primera causa de EI sobre válvula nativa
en el mundo [34]. Su curso es habitualmente fulminante (mortalidad de hasta el
47%), con signos clínicos derivados de la intensa sepsis (fiebre alta,
artromialgias, cefaleas, dolor abdominal, hipotensión mantenida, shock...),
fenómenos embólicos en múltiples territorios (piel, bazo, riñones, SNC) y
deterioro importante del estado hemodinámico, lo cual motiva al paciente a
acudir rápidamente al hospital.
- EI
por fiebre Q crónica (7% de las EI izquierdas): Un subgrupo especial puede considerarse la E.I. por Coxiella burnetii (Fiebre Q crónica)
que en ocasiones puede tener un periodo de evolución muy prolongado (varios
años incluso), lo que, unido al prolongado periodo necesario para su curación,
hace que podamos considerarla como una endocarditis "crónica". Los
hemocultivos son negativos siempre pues Coxiella
burnetii solo se reproduce en medios celulares, siendo por tanto fundamental
la serología para su diagnóstico o bien técnicas de detección genómica (PCR).
La dificultad para su diagnóstico que conllevaba un importante retraso
diagnóstico, así como la dificultad para su tratamiento han hecho de ella una
entidad de mal pronóstico (mortalidad cercana al 40%), aumque series más
recientes han reducido considerablemente esta cifra [35-41].
Grupo 2.- EI
derecha: Afecta
fundamentalmente a válvula tricúspide (la pulmonar se afecta muy raramente y
suele ser en malformaciones congénitas) y ocurre principalmente en ADVP. Su etiología
más frecuente es : S. aureus
(80-90%), S. epidermidis, S. viridans, S. pyogens , bacilos gram negativos (descritos en brotes en EEUU en
adictos que se inyectaban un preparado de anfetaminas y neurolépticos
machacado) y Candida albicans (en
pacientes que diluyen la heroína añadiendo jugo de limón en su preparación). Su
curso es agudo, con afectación importante del estado general por la sepsis
intensa, pero su pronóstico (salvo en los casos de etiología micótica) es mucho
más benigno (mortalidad alrededor del 10%), ya que el deterioro hemodinámico
que produce es pequeño y fácilmente controlable [40-44]. Su clínica es
fundamentalmente pulmonar (tos, dolor costal pleurítico, expectoración
purulenta-hemoptoica y en casos severos disnea), como consecuencia de los
numerosos embolismos en este territorio y su pronóstico no viene condicionado
por los fenómenos embólicos (salvo en el caso de C. albicans) o el fallo cardiaco (el fracaso derecho se controla
bien con diuréticos), sino por el desarrollo de shock séptico y/o distress
respiratorio, como consecuencia de un síndrome de respuesta inflamatoria
sistémica exacerbado [45,46]. Tras un periodo de alta incidencia en la década
de los 80 y primera parte de los 90 en nuestro país que coincidió con una alta
prevalencia en el consumo de heroína por vía intravenosa [48,49], su frecuencia
ha disminuido considerablemente debido a las medidas empleadas en combatir la
adicción parenteral (educación social, programas de deshabituación con
metadona, donación de jeringuillas estériles), el miedo al contagio de la
infección VIH y el cambio en la ruta de administración (inhalatoria) de los
opiáceos [50]
Grupo 3.- EI
protésica: Supone el 25-30% de las EI [51] y su frecuencia va en
aumento debido al crecimiento de la cirugía de reposición valvular, la
longevidad de las poblaciones sometidas a recambio valvular y las cada vez más
frecuentes manipulaciones nosocomiales. La frecuencia acumulada estimada de
infección de una prótesis cardiaca varía entre el 1 - 1,4% a los 12 meses de la
implantación y entre el 3 - 5,7% a los 60 meses [52-57]. Se clasifica en:
- EI protésica precoz: Suele aparecer antes de los 60 dias de la
intervención según las primeras descripciones [52,54], aunque más modernamente
se ha demostrado que puede diferirse hasta en 6 - 12 meses, especialmente los
casos debidos a S. epidermidis, por
lo que suelen incluirse en este grupo las que aparecen hasta los 12 meses
después de la cirugía [58-61]. Se asume que su origen es intrahospitalario por
contaminación intraoperatoria fundamentalmente y también durante las manipulaciones
del postoperatorio inmediato en UCI [62]. Su etiología más frecuente es: S. epidermidis (60-80%), S. aureus, bacilos gram negativos y
hongos (Candida spp y Aspergillus spp menos frecuentemente).
Su clínica puede ser al inicio muy silente, caracterizada por fiebre, a veces
de escasa entidad y que puede pasar desapercibida en el postoperatorio de una
cirugía cardiaca salvo quizás por una taquicardia mantenida y no explicada
(primer signo de insuficiencia cardiaca), virando luego rápidamente a un severo
deterioro hemodinámico, como consecuencia de la dehiscencia de la prótesis
implantada por la infección debido a la destrucción del anillo de inserción
[63]. Su mortalidad, aún en los mejores centros es muy alta (40-80%) [64-66]
aunque un rápido diagnóstico y un tratamiento quirúrgico pronto parecen haber
mejorado estas cifras en los últimos años [67-70].
- EI
protésica tardía: Aparece siempre después de 60 días de la
intervención según la clasificación clásica y hoy se tiende a considerarla como
aquella que se manifiesta a partir de los 12 meses de la intervención. Su
etiología es muy similar a las que originan la EI nativas: S. viridans (40%), S.
epidermidis (30%), S. aureus (20%), bacilos gram negativos y hongos. Su curso es bastante más
lento que en la EI protésica tardía. Normalmente las vegetaciones asientan
sobre las valvas protésicas y son evidentes los datos del malfuncionamiento de
la prótesis (aumento del gradiente) antes de producirse la dehiscencia del
anillo (insuficiencia valvular), lo cual mejora su pronóstico ya que el
deterioro hemodinámico no es tan abrupto y pueden intervenirse con más margen
de tiempo.
4. SINTOMAS Y SIGNOS
CLINICOS:
Se producen por tres motivos:
- Estado séptico: Consecuente a la liberación constante de ingentes
cantidades de microorganismos desde la vegetación (conglomerado de fibrina,
plaquetas, leucocitos y gérmenes) al torrente circulatorio: fiebre,
escalofrios, artromialgias, shock...
- Deterioro hemodinámico: Consecuente a la destrucción de la
arquitectura valvular que produce un corazón insuficiente por incompetencia de
sus válvulas.
- Síntomas derivados de las
continuas embolizaciones sépticas en
diversos órganos alejados del endocardio: arterias cerebrales, mesentéricas,
esplénicas y renales, pulmonares (en la EI derecha)...
Entre los síntomas y signos que siempre debemos buscar
para establecer el diagnóstico destacamos los siguientes:
- Fiebre mantenida,
sin otro foco que la justifique. Sin embargo, cabe recordar que en las E.I. de
curso subagudo o crónico, la fiebre puede ser baja o inconstante.
- Soplo cardiaco de aparición nueva o cambiante. Hay que tener en cuenta que en la EI derecha,
por asentar sobre una zona de baja presión, las turbulencias son menores y el
soplo de insuficiencia (audible en borde paraesternal izquierdo) falta al
inicio en más del 70% de pacientes.
- Signos de fallo
cardiaco, pericarditis, trastornos del ritmo o disfunción
protésica (complicaciones intracardiacas).
- Síntomas
respiratorios especialmente en EI derechas: tos, expectoración
hemoptoico-purulenta, dolor pleurítico o disnea.
- Osteoarticulares:
artritis séptica, osteomielitis (frecuentes si el germen es S. aureus).
- SNC:
meningitis, abscesos, AVC (isquémicos o hemorrágicos), mononeuritis.
- Renales:
proteinuria, hematuria, leucocituria, fracaso renal.
- Esplenomegalia,
Hepatomegalia.
- Lesiones
mucocutáneas: petequias, hemorragias subungueales o conjuntivales, manchas
de Roth, nódulos de Osler y manchas de Janeway.
- Otros fenómenos
embólicos: mesentéricos, en bazo, riñones, grandes vasos de
extremidades....
5. LABORATORIO Y PRUEBAS COMPLEMENTARIAS
Ante toda sospecha de EI se solicitarán las siguientes
pruebas:
- Hemograma completo: Es habitual en la EI subaguda la anemia
normocítico - normocrómica, o en ocasiones microcítica, propia de las
enfermedades infecciosas prolongadas (mala utilización del hierro). En pacientes
portadores de prótesis, si descubrimos un componente hemolítico (caída de la
haptoglobina) es muy probable que traduzca una disfunción protésica. La
leucocitosis suele verse sólo en el 50 % de los pacientes y no es muy
pronunciada salvo en los casos de EI aguda con mala evolución ó en los casos en
que se esté formando un absceso paravalvular. Puede haber trombocitosis o
trombocitopenia (muy frecuente en la endocarditis por Fiebre Q).
- Estudio de coagulación (sobre todo en pacientes
anticoagulados por prótesis o en hepatópatas)
- VSG y Proteína C Reactiva:
elevadas casi siempre, siendo la última más adecuada para el control del
proceso séptico, ya que se produce un descenso más precoz de sus valores cuando
se inicia la curación del proceso.
- Elemental de orina: si está alterado, solicitar
recuento de Addis (ver si hematuria) y proteinuria- minuto pues puede traducir
una glomerulonefritis, habitualmente proliferativa con depósitos exocapilares,
aunque puede darse casi cualquier forma de glomerulonefritis.
- GUI, creatinina: Es importante la vigilancia
de la función renal, que puede deteriorarse por múltiples causas: GNF,
toxicidad por los aminoglucósidos, reacciones alérgicas a fármacos
(cloxacilina, rifampicina), embolismos en parénquima renal...
- Bioquímica hepática: suele existir una leve elevación de las transminasas por el proceso
séptico. En la endocarditis por Fiebre Q puede verse una elevación mantenida de
la fosfatasa alcalina (granulomatosis hepática por Coxiella burnetii)
- Serología reumática (da títulos muy altos en la
Fiebre Q pues los Ac anti Coxiella tienen acción tipo factor reumatoide)
- Fondo de ojo (pueden verse los embolismos:
manchas de Roth)
- Rx. de tórax PA y lateral: La presencia de imágenes
redondeadas en varios territorios (suelta de perdigones) que luego se cavitan
es prácticamente diagnóstica por sí sola de endocarditis tricuspídea por S. aureus. En la EI izquierda se hace
necesaria para vigilar la insuficiencia cardiaca.
- ECG (ojo al desarrollo de
bloqueos de conducción en las endocarditis protésicas, pues son indicios de una
disección del anillo periprotésico con formación de absceso, lo cual es
criterio absoluto para la CIRUGIA URGENTE). El bloqueo de 1° grado se ha
relacionado fundamentalmente con invasión del septum interventricular en la EI
[73-75], pudiendo también verse en ocasiones bloqueos de 2° grado y muy raros
de 3° grado (con QRS estrecho). En cambio, en la EI sobre válvula aórtica con
extensión perivalvular son corrientes los bloqueos de 1-3° grado, con hemibloqueos
y bloqueos completos de rama, especialmente cuando se afectan la valva
coronaria derecha y la valva no coronaria [76-78].
- Ecocardiografía: La aportación de esta
técnica es fundamental, pues nos da la imagen precisa de la vegetación (lo
que establece el diagnóstico de una EI nativa) y permite la detección de una
dehiscencia protésica o una regurgitación valvular de nueva aparición. Del
mismo modo, los estudios ecocardiográficos permiten detectar la extensión
perianular de la infección (abscesos, pesudoaneurismas, fístulas) y otras
complicaciones intracardíacas (rotura de cuerdas, derrame pericárdico, etc),
valorar la existencia y el grado de disfunción valvular, así como su
repercusión hemodinámica, lo que es fundamental de cara a la evaluación del tratamiento
quirúrgico, como veremos más adelante.
- Ecografía transtorácica (TT): Su rentabilidad es muy alta en la EI
derecha (85 - 90 %) con una resolución de hasta 4-5mm que además se ve
favorecida porque suele darse en sujetos jóvenes, delgados y con buena ventana
acústica [79,80]. En la EI izquierda,
dado que normalmente la vegetación asienta sobre una estructura previamente
dañada, con depósitos de calcio, la nitidez es menor y la sensibilidad baja al
50 - 60 %, dependiendo de la población estudiada (debe existir una fuerte
sospecha clínica, más allá de la fiebre), del tamaño de la vegetación (70% de
sensibilidad con vegetaciones entre 6 y 10 mm, pero 25% si diámetro inferior a
5 mm) y de la experiencia en la realización de la prueba [81]. En la EI protésica precoz la resolución
inicial aún es menor, llegando a tan solo el 20 - 30 %, si bien, cuando se
sigue el proceso en su evolución natural la sensibilidad posterior sube mucho
al producirse (como consecuencia del proceso séptico que va "despegando"
el anillo valvular protésico de su asiento en el endocardio) la disfunción
protésica, que es fácilmente identificable. En la EI protésica tardía, la
dehiscencia del anillo no siempre se produce, pero un buen índice del
mañfuncionamiento de la válvula es un inesperado aumentos de los gradientes
calculados mediante doppler [82].
- Ecografía transesofágica (TE): Ha supuesto un importante avance en este tema ya que permite una accesibilidad a
las estructuras endocárdicas inimaginable hace años, consiguiendo una
sensibilidad el 94-99% en EI sobre válvulas nativas [81-83]. En la EI protésica
es capaz de visualizar vegetaciones de pequeño tamaño, cuantifica mejor la
insuficiencia protésica y periprotésica y detecta con más exactitud la
presencia de complicaciones perianulares [84]. Debe solicitarse por tanto un estudio transesofágico si hay dudas con la
ECO transtorácica en la EI mitral (la valva posterior muchas veces no se
visualiza con claridad), si existe la sospecha de absceso paravalvular en la
EI aórtica (donde son mucho más frecuentes), en la EI protésica (incluso como
prueba inicial, debido a la baja rentabilidad inicial de la ECO transtorácica)
y también en la EI derechas si existe infección de marcapasos ó catéteres
endocavitarios [85]. Una aproximación al correcto uso de estas técnicas se
describe en la Figura 1, arrojando un grado de evidencia I-B.
Figura 1. Realización del ecocardiograma
en el diagnóstico y manejo de la endocarditis infecciosa. ETT: Ecocardiografía
transtorácica. ETE: Ecocardiografía transesofágica. Sospecha clínica alta:
cardiopatía predisponente, bacteriemia persistente, fenómenos embólicos. Datos
de alto riesgo: gérmenes virulentos, destrucción valvular o perivalvular,
evolución clínica desfavorable.
Es necesario precisar que a pesar de la alta resolución de la
ecografía TE [19], pueden existir casos de falsas imágenes de vegetaciones
tales como trombos intracardiacos sobre las valvas (hecho bastante raro), tumores
filiformes (fibroelastomas papilares) ó vegetaciones trombóticas no bacterianas
que pueden verse en enfermedades autoinmunes como el Lupus Eritematoso
Sistémico (endocarditis de Libman-Sacks) o la enfermedad de Behcet, procesos
inflamatorios prolongados como la fiebre reumática ó en pacientes neoplásicos
terminales ("endocarditis marántica"). En las válvulas protésicas puede ser
difícil distinguir auténticas vegetaciones de pequeño tamaño, de las
irregularidades normales del anillo periprotésico o de ciertas hebras o hilos
que en ocasiones asientan sobre estas estructuras. Por ello, en estas
situaciones debe contarse siempre con un examinador experto que pueda revisar
las imágenes y nunca debe olvidarse una evaluación clínica de conjunto [82,87].
6. MICROBIOLOGIA Y SEROLOGIA
- Hemocultivos seriados [88]: Deben tomarse al menos dos
tandas: cada tanda se compone de tres parejas ó "sets", y cada pareja
se compone de dos frascos, uno para aerobios y otro para anaerobios. Cada set
debe contener al menos 10 cc de sangre (5-7 cc en cada frasco) y las extracciones
de cada set espaciarse entre 10 y 30 minutos. Las dos tandas deben hacerse en
el intervalo de 24 horas antes de iniciar el tratamiento antibiótico. En
caso de estar el paciente recibiendo tratamiento antibiótico se suspenderá
éste durante 48 horas, tras las cuales se realizarán las dos tandas de
hemocultivos preferentemente durante el acceso febril, aunque también pueden
tomarse sin fiebre ya que, en la endocarditis, la "suelta" de
gérmenes es prácticamente constante y la rentabilidad muy alta (cercana al 90
%), independiente del momento de la toma. No obstante, es importante resaltar
que un tratamiento antimicrobiano previo (aún siendo inapropiado) puede
negativizar un hemocultivo durante semanas.
Con los medios automatizados
disponibles hoy día en la mayoría de los hospitales la mayoría de los gérmenes
crecen en 1-5 días, si bien en algunos casos puede ser necesario prolongar la incubación más allá de 7 días (grupo
HACEK, Propionibacterium spp, Neisseria spp, Nocardia spp,
Abiotrophia spp, Campylobacter spp, Brucella spp...)
- Urocultivo: Sirve para identificar muchas veces el foco de origen de la sepsis
(por ejemplo, las infecciones por Enterococcus
spp).
- Cultivos de otros focos de
infección, si los hay: Piel, LCR, líquido sinovial, pleural...En algunos tipos de
endocarditis (por ejemplo, la EI por Aspergillus ó por Nocardia spp),
la rentabilidad de los hemocultivos es menor. En cambio, un cultivo del
material embólico (por ejemplo,del cultivo de la biopsia cutánea en un nódulo
de Osler) puede en ocasiones establecer el diagnóstico microbiológico.
- Examen valvular: En caso de que dispongamos
de la válvula, deben realizarse siempre tinción de Gram y cultivo para gérmenes
más habituales [89,90]]. En caso de endocarditis con hemocultivo negativo son
necesarias otras tinciones como la de Giemsa ó inmunofluorescencia
(identificación de Coxiella y Chlamydia), tinciones argénticas
(hongos) e incluso Zhiel-Nielsen (sospecha de micobacterias). Del mismo modo,
la detección de DNA bacteriano mediante la reacción de la polimerasa en cadena
(PCR) puede realizarse con bastante fiabilidad en ciertas especies como Coxiella
ó Brucella [91].
- Serología de Brucella spp, Coxiella burnetti (Ac en fase I y II), Chlamydia, Legionella y Mycoplasma.
- Técnicas de detección de DNA
mediante PCR: En endocarditis con cultivos negativos se ha
empleado una amplificación mediante la reacción de la polimerasa en cadena de
"amplio espectro" [92] Se trata de amplificar la cadena de genes que codifican el ADNr 16S bacteriano. Este ADN ribosómico es una macromolécula ampliamente utilizada en estudios de filogenia
y taxonomía bacteriana ya que posee unas regiones constantes (que son casi
idénticas en todas las especies bacterias pertenecientes al mismo dominio) y otras
variables, propias de una determinada especie, que permite con relativa
facilidad la identificación del microorganismo presente en una muestra
biológica (la válvula, por ejemplo). Las secuencias de ADNr 16S obtenidas (tras
extracción del DNA, amplificación y secuenciación) son comparadas luego con
miles de secuencias bacterianas de diferentes especies existentes en grandes
bases de datos. A pesar de las indudanbles perspectivas que se abren con esta
técnica es preciso decir que requiere muestras procedentes de sitios
habitualmente estériles (ej. el tejido endocárdico) y que es frecuente el
fenómeno de la "contaminación" por otros fragmentos de DNA presentes a lo largo
del procesamiento, siendo por tanto una técnica mucho menos rentable que cuando
disponemos de unos cebadores específicos en organismos donde se ha desarrollado
más este instrumento diagnóstico como por ejemplo en la EI por Coxiella burnetii.
7. CRITERIOS DIAGNOSTICOS
Tradicionalmente se han usado los
primeros publicados por Von Reyn [20], que posteriormente se modificaron para
introducir los hallazgos aportados por la ecografía (que en tiempos de Von Reyn
no era una técnica disponible). Definían los casos en POSIBLES, PROBABLES y
DEFINIDOS y también incluían la categoría de RECHAZADA. Sin embargo la
categoría DEFINIDA solo se alcanzaba con el criterio anatomopatológico
(evidencia directa de endocarditis infecciosa mediante histología y
microbiología en material valvular obtenido por cirugía o necropsia) y no
tenían en cuenta ciertos aspectos epidemiológicos evolutivos en la EI. Por
ello, hoy día los más usados son los propuestos por David Durack y cols [92],
del grupo para el estudio de la endocarditis de la universidad americana de
Duke, que establecen las categorías de DEFINIDA Y POSIBLE ó en cambio,
RECHAZADA teniendo en cuenta una serie de criterios clínicos (los
anatomo-atológicos no difieren de los de Von Reyn) mayores y menores con los
que intentaron introducir las aportaciones del ecocardiograma y considerar
nuevos factores predisponentes que ellos creían de valor diagnóstico (como por
ejemplo, la adicción a drogas por vía parenteral) en aras de una mayor
sensibilidad.
Estos criterios han demostrado
en numerosos estudios una mayor sensibilidad sin perder apenas especificidad,
pudiéndose decir que en conjunto tienen una sensibilidad, especificidad y valor
predictivo negativo superiores al 95% [94-96]. El uso de la ecografía
transesofágica, la alta incidencia de bacteriemia nosocomial por S. aureus y su facilidad para producir una endocarditis y las mejoras en las técnicas
serológicas de detección de la infección crónica por Coxiella burnetii llevaron a que algunos autores propusieron ciertas modificaciones para aumentar
aún más la sensibilidad sin una merma considerable de la especificidad
[97,98,99]. La mayoría de estas aportaciones fueron entonces recogidas por el
mismo grupo de la universidad de Duke en una nueva formulación de estos
criterios [100], que se recoge en la Tabla 3.
Tabla 3. Criterios clínicos de la Universidad de Duke
(modificados) para el diagnóstico de EI
|
Criterios mayores:
- Hemocultivos positivos (uno de los siguientes):
- Dos hemocultivos positivos en muestras separadas, para microorganismos "típicos" :
- Streptococcus grupo viridans, S. bovis, gérmenes del grupo HACEK y Staphylococcus aureus
- Enterococcus spp adquiridos en la comunidad en ausencia de foco primario
- Hemocultivos persistentemente positivos para microorganismos consistentes con endocarditis
infecciosa procedentes de:
- Al menos dos muestras obtenidas con más de 12 h de diferencia
- Tres de tres ó la mayoría de cuatro o más hemocultivos separados,
con una diferencia de 1 hora al menos entre el primero y el último
- Un hemocultivo positivo para Coxiella burnetii ó determinación de Ac IgG frente a fase I (IFI) >1:800
- Evidencia de afectación
endocárdica: Ecocardiografía positiva para endocarditis infecciosa (la
técnica transesofágica es obligatoria en pacientes con endocarditis
protésica, en aquellos previamente catalogados como "posibles" y en pacientes
con complicaciones intracardiacas):
- Masa intracardiaca oscilante, en la válvula ó en la estructura de
soporte ó en la trayectoria de un jet de regurgitación ó en cualquier
implante protésico en ausencia de otra explicación anatómica alternativa
- Absceso intracardiaco o pseudoaneurisma
- Dehiscencia reciente en una válvula protésica
- Nueva regurgitación valvular (no es suficiente el
empeoramiento o cambio de soplo pre existente)
Criterios menores:
- Enfermedad cardiaca
predisponente ó ADVP activo
- Fiebre de 38°C o superior
- Fenómenos vasculares:
embolismos arteriales mayores, embolismos sépticos pulmonares, aneurismas
micóticos, hemorragia intracraneal, lesiones de Janeway.
- Fenómenos inmunológicos:
glomerulonefritis, nódulos de Osler, manchas de Roth, aumento del factor
reumatoide.
- Evidencia microbiológica:
hemocultivos positivos pero sin reunir los criterios de certeza enunciados
previamente* ó evidencia serológica de infección activa por un organismo
causante de endocarditis infecciosa.
* : Se excluye un solo
hemocultivo positivo para estafilococos coagulasa-egativos o para
microorganismos no causantes de endocarditis |
Teniendo en cuenta los
anteriores criterios clínicos y considerando los anatomopatológicos,
estableceremos tres categorías Definida, Posible y Rechazada, que se muestran
en la Tabla 4.
Tabla 4. Categorías de Endocarditis acordes con los criterios de Duke
ENDOCARDITIS DEFINIDA
Criterios patológicos
- Microorganismos demostrados mediante cultivo o tinción histológica
en una vegetación, embolismo séptico o absceso intracardiaco
- Lesiones patológicas: vegetación o absceso intracardiaco que
confirmen histológicamente una endocarditis infecciosa activa.
Criterios clínicos
- Dos criterios mayores ó
- Un criterio mayor y tres menores ó
- Cinco criterios menores
ENDOCARDITIS POSIBLE
- Un criterio
mayor y uno menor
- Tres criterios
menores
ENDOCARDITIS RECHAZADA
- Diagnóstico alternativo
evidente ó
- Resolución de las
manifestaciones sépticas con 4 días o menos de tratamiento antimicrobiano ó
- No hallazgo de evidencias
patológicas de endocarditis en la cirugía ó en la autopsia después de
tratamiento antimicrobiano durante 4 días o menos.
- No cumplimiento de los
criterios para endocarditis posible enumerados antes
|
8. TRATAMIENTO
8. 1. PRINCIPIOS
GENERALES:
El
objetivo del tratamiento antibiótico de la EI es la esterilización precoz de
las vegetaciones sépticas y éste difiere del que se realiza para la mayoría de
las infecciones bacterianas focales, ya que deben utilizarse combinaciones de
antibióticos bactericidas por vía intravenosa, generalmente en varias dosis al
día y durante tiempo prolongado. Los factores que justifican este tratamiento
son los siguientes:
- La casi ausencia de leucocitos en
el interior de la vegetación, determina que ésta se comporte como una zona de agranulocitosis
localizada, pudiéndose multiplicar las bacterias libremente sin la
interferencia de las células fagocíticas. La erradicación de una infección en
ausencia de leucocitos exige la elección de antibióticos bactericidas debido
lógicamente a que son un mecanismo de defensa muy efectivo, del que vamos a
carecer en gran parte, habiéndose demostrado además que el efecto post antibiótico
es mucho mayor en presencia de leucocitos [101,102]. Los antibióticos bacteriostáticos
pueden suprimir la bacteriemia, pero no erradican la infección en un tiempo
razonable. De hecho, la EI producida por gérmenes frente a los que no se
conoce ningún antibiótico con capacidad bactericida (por ej. Coxiella
burnetii) requiere un tratamiento muy prolongado (años) y es preciso
recurrir frecuentemente a la extirpación de la válvula para lograr la
erradicación.
- La falta de vascularización, lo que dificulta la difusión del antibiótico al interior de la
vegetación. Es necesario que éste alcance niveles plasmáticos muy altos, a fin
de que el gradiente de concentración entre el plasma y el seno de la
vegetación favorezca su difusión hacia el interior de la misma. Para ello el
antibiótico debe administrarse a dosis altas, preferentemente por vía
endovenosa, eligiéndose fármacos con escasa fijación proteica. Los intervalos
de dosificación deben de estar determinados por la vida media del fármaco y su
efecto post antibiótico. Los estudios de Eagle et al en los años 50
definieron tres parámetros determinantes de la eficacia del tratamiento
antibiótico: 1) la dosis mínima necesaria para producir bacteriolisis; 2) la
duración de las concentraciones séricas bactericidas; y 3) el intervalo durante
el cual, aún sin concentraciones bactericidas en la sangre, no hay crecimiento
bacteriano (efecto postantibiótico) [103,104]. En un modelo experimental de
endocarditis, Carrizosa y Kaye observaron que existía una dosis crítica por debajo de la cual la eficacia del tratamiento disminuía significativamente
[105]. Mientras que esta dosis crítica administrada cada 6 horas era muy
eficaz para disminuir las concentraciones microbianas en las vegetaciones, la
misma dosis cada 12 horas fracasaba. Posteriormente, Gengo et al
examinaron estos principios en un modelo de endocarditis por Staphylococcus
aureus [106]. Todos los animales recibieron la misma cantidad de meticilina,
pero las dosis y la frecuencia de administración variaron. La eficacia de los
regímenes que incluían administración del antibiótico cada 4 u 8 horas era comparable,
mientras que la dosificación cada 12 horas era mucho menos eficaz. La
infusión continua, aunque conseguía niveles séricos de meticilina similares a
la CMB del organismo, fue menos eficaz que los regímenes intermitentes, lo que
sugiere que la dosis óptima debe conseguir niveles sanguíneos significativamente
por encima de la CMB. Los mejores resultados terapéuticos se consiguieron
cuando el intervalo entre dosis era igual a la suma de 1) tiempo durante el
cual las concentraciones séricas superaban la CMB, más 2) duración del efecto
postantibiótico, más 3) log tiempo para alcanzar la fase de crecimiento
bacteriano. Estos estudios apoyan la recomendación de que la dosis elegida
debe exceder ampliamente la CMB del organismo y que el intervalo entre dosis
debe planearse en relación a la cantidad de antibiótico administrado,
teniendo en cuenta su características farmacocinéticas y farmacodinámicas
(efecto post antibiótico). Así, fármacos con un efecto post antibiótico
prolongado como los aminoglucósidos o las quinolonas permiten intervalos
grandes de dosificación, mientras que otros con poco o casi nulo efecto post
antibiótico, como la mayoría de los betalactámicos, deben administrarse en
intervalos frecuentes [107] y a dosis altas de manera intermitente mejor que
continua, pues se ha visto que de este modo la penetración tisular obtenida es
mayor [108]. Aunque los primeros estudios experimentales sobre la difusión de
antimicrobianos en coágulos producidos en el tejido subcutáneo de la rata
mostraron que la difusión del antimicrobiano desde el plasma al coágulo era
lenta y deficiente [109,110], posteriormente se ha comprobado mediante
modelos animales de endocarditis que el equilibrio entre las concentraciones
del antimicrobiano en suero y en la vegetación se obtiene rápidamente y que es
casi completo, con una eliminación y vida media similares en ambos
compartimentos. Inclusive se ha visto que las concentraciones de
antimicrobiano alcanzadas en la vegetación séptica eran superiores a las conseguidas
en músculo cardiaco [111-113], por lo que los niveles de antibiótico en suero
proporcionan una información indirecta adecuada de los niveles antibióticos
en la vegetación cardíaca [106,114]. Parece por tanto poco explicable el
elevado número de fracasos terapéuticos existentes en el tratamiento de la
endocarditis infecciosa, sobre todo teniendo en cuenta las dosis tan elevadas
que se emplean. Sin embargo, hay que tener muy presente que en los estudios
experimentales en animales, la medición del antibiótico se obtiene mediante el
homogeneizado de la vegetación, expresando las cifras en μcg. por g. de
tejido, sin que esto indique realmente una buena penetración. Así, estudios
de microscopía electrónica no detectaron en las colonias situadas en el
centro de la vegetación los cambios morfológicos que se ven en bacterias sometidas
a tratamiento antibiótico [115]. Más recientemente [116] se ha comprobado
que la distribución de los antibióticos en el interior de la vegetación
puede se variable. Se ha observado que la penicilina se concentra más en la
periferia que en el centro de la vegetación, la tobramicina se distribuye de
forma homogénea y la teicoplanina se concentra sólo en la periferia. Aunque
el significado clínico de estos hallazgos está aún por definir, parece
deducirse que no todos los antimicrobianos son capaces de penetrar eficazmente
hasta el centro de la vegetación (al menos en la primera dosis que fue como se
realizó el estudio), lo cual podría explicar en parte los fracasos terapéuticos
que se observan más frecuentemente cuando las vegetaciones son de gran tamaño
y los tiempos de tratamiento excesivamente cortos.
- La elevada concentración bacteriana de la vegetación, que alcanza niveles de hasta 109 ufc/g de tejido. Esta
densidad de población bacteriana tan
elevada explica que en el interior de las colonias existan gérmenes con una
actividad metabólica y reproductiva reducidas. Durack y Beeson, estudiando la
incorporación de alanina tritiada a las vegetaciones, demostraron la existencia
de dos poblaciones microbianas [117]. Una, situada en las capas más superficiales
de la vegetación, está en fase de multiplicación exponencial; es responsable
de la bacteriemia y mediante el mecanismo de la "recolonización"
hace posible su crecimiento. Por ser una población que se divide activamente es
susceptible a la acción letal de las penicilinas y puede ser erradicada con
relativa facilidad. La otra, situada más profundamente en el interior,
permanece metabólicamente inactiva, sin replicación celular y, por ello,
aparte de las dificultades para ser alcanzada por los antibióticos, es poco
vulnerable al efecto bactericida de los beta-lactámicos. La eficacia de los
antibióticos beta-lactámicos está en relación directa con una multiplicación
bacteriana activa, con el fin de inhibir la síntesis de la pared bacteriana.
En consecuencia, son menos activos frente a la población bacteriana que se
multiplica lentamente y que puede ser responsable de la recidiva de la EI si
la duración del tratamiento es corta. Así, es posible la curación de la
endocarditis por S. grupo viridans sobre válvula izquierda inclusive
con tratamientos de tan solo 10-14 días de duración tal como se practicó en los
primeros estudios de los años 40, pero la tasa de recidiva era superior al 50%
[118-120]. Por ello, el tratamiento debe mantenerse entre 4 y 6 semanas en la
mayoría de los casos, para así lograr un porcentaje mínimo de recidivas que
podrían provenir de colonias bacterianas situadas en el interior de la vegetación
y que van a necesitar un tratamiento prolongado para su erradicación. Otro
motivo que exige un tratamiento prolongado es la necesidad de erradicar
focos metastásicos (por ej. una osteomielitis o un absceso esplénico), que
pueden reactivarse o ser causa de reinfección tras completar precozmente el
tratamiento. Finalmente, debe tenerse presente que las concentraciones
inhibitorias mínimas (CMIs) de los antibióticos beta-lactámicos en el interior
de la vegetación pueden ser superiores a los valores obtenidos a los valores
obtenidos in vitro, cuando se testan estos antibióticos frente a
densidades de población inferiores (efecto inóculo).
- El riesgo de destrucción valvular. Aunque no se ha comprobado que la esterilización rápida de la
vegetación evite esta complicación, es razonable pensar que con combinaciones
sinérgicas de antibióticos, que consigan un efecto bactericida rápido y en
consecuencia precoz sobre la vegetación, pueda prevenirse, al menos en parte,
la destrucción valvular. Por otro lado, si se requiere una intervención
quirúrgica urgente, siempre es mejor efectuarla sobre una válvula esterilizada
para no exponer la prótesis valvular al tejido infectado, si bien la infección
protésica es rara. Desde hace años se ha demostrado que la asociación de
beta-lactámicos y aminoglucósidos es sinérgica in vitro frente a estafilococos
[121,122] y estreptococos [123,124], y esta asociación de antibióticos
esteriliza en menos tiempo las vegetaciones producidas por estos gérmenes en
los animales de experimentación. Aunque el beneficio clínico de esta asociación
no queda claro, se ha demostrado que disminuye los días de bacteriemia y
fiebre, por lo suelen indicarse aminoglucósidos los primeros días de
tratamiento al menos [125,126]. Otro motivo que justifica la asociación de antibióticos
sinérgicos es conseguir un efecto bactericida frente a gérmenes tolerantes a
la acción de los antibióticos beta-lactámicos, como el enterococo y algunas
cepas de estreptococos del grupo viridans y estafilococos. Este efecto
bactericida sinérgico es también visible en la endocarditis por bacilos
gramnegativos [127-131].
8.2.
TRATAMIENTO MEDICO EMPíRICO:
El tratamiento empírico, puede iniciarse
tras la extracción de las dos tandas de hemocultivos seriados, con 24 h. de
intervalo. Sin embargo, es importante recalcar aquí lo fundamental del
diagnóstico microbiológico y que en la gran mayoría de los casos no pasa
absolutamente nada por demorar un tratamiento ATB durante dos-tres días. Si las
complicaciones mortales iban a producirse difícilmente íbamos a evitarlas por
haber iniciado 72 h antes un tratamiento empírico. En cambio, un tratamiento
antimicrobiano prescrito con precipitación puede negativizar un hemocultivo
durante más de una semana aunque luego se suspenda...lo que va a "cegarnos" de
cara a un correcto diagnóstico y una planificación adecuada del tratamiento.
En todos los casos, salvo
indicación en contra expresa, el aminoglucósido no debe prolongarse más de 2
semanas. Como pautas "empíricas" pueden aconsejarse las siguientes, aunque
repetimos, en la duda y si el enfermo no presenta signos de sepsis grave es
preferible esperar el resultado de los hemocultivos y el antibiograma.
- EI
izquierda subaguda: PENICILINA G sódica 3 - 4.000.000 u.i./4 h/IV. +
GENTAMICINA (1-1.5 mg/kg/8 h IV ó 3 mg/kg/día en monodosis) ó también
CEFTRIAXONA (2 g/día) + GENTAMICINA. Tiempo: 2 - 6 semanas según el germen y
tiempo de evolución previo (administrar un mínimo de 4 semanas si el tiempo de
evolución previo era superior a tres meses).
En caso de alergia comprobada a
la penicilina, VANCOMICINA 1 g IV/12 h. (7.5 mg/kg de peso/dia) pasándola
lentamente (1-2 h) 4 semanas.
- EI
izquierda aguda: VANCOMICINA 1
g/iv/12 h (30 mg/kg/dia) + GENTAMICINA
(1-1,5 mg/kg/8 h. ó 3 mg/kg/d en monodosis). Tiempo: 4 - 6 semanas.
Otra opción razonable es AMPICILINA (2 g
IV/4 horas) + CLOXACILINA (2 g IV/4 h) + GENTAMICINA (1 mg/kg/8 h ó 3 mg/kg/d
en monodosis) dado que el porcentaje de S. aureus resistentes a cloxacilina es aún escaso en pacientes no
nosocomiales en nuestro medio, y así evitaríamos la toxicidad por vancomicina.
- EI
derecha: CLOXACILINA (2 g. IV/4 h.)+ GENTAMICINA (1-1.5 mg/kg/8h ó 3
mg/kg/d en monodosis). Tiempo: Si el germen es sensible a la cloxacilina, no
hay deterioro de la función renal y tampoco empiema o artritis el tratamiento
puede ser de 2 semanas, con ambos fármacos (PAUTA CORTA). En caso contrario es
preferible tratar durante 4 - 6 semanas con cloxacilina y mantener el
aminoglucósido 5 - 7 días.
En caso de alergia comprobada a la
penicilina: VANCOMICINA + GENTAMICINA ó CEFAZOLINA (2 g/8 h. IV) + GENTAMICINA
(manteniendo siempre un mínimo de 4 semanas el beta-lactámico o el glicopéptido).
Una opción que ha demostrado en estudios
aleatorizados su eficacia en EID no complicadas por S. aureus es la
pauta oral con CIPROFLOXACINA 750 mg/12 h + RIFAMPICINA: 600-900 mg/d durante 4
semanas.
- EI
protésica precoz: VANCOMICINA
(1 g/12 h 4-6 semanas) + RIFAMPICINA 600 mg/oral/dia (4 - 6 semanas) +
GENTAMICINA (1-1,5 mg/kg/8 h ó 3 mg/kg/d en monodosis, durante 1-2 semanas).
Con el aminoglucósido, si bien la toxicidad va a aumentar, vamos a conseguir
una mayor acción bactericida y una teórica menor tasa de resistencias
intra-tratamiento, por lo que intentaremos mantenerlo las dos primeras semanas.
- EI
protésica tardía: VANCOMICINA
(4-6 semanas) + GENTAMICINA (2 semanas). Si el desarrollo es muy silente puede
optarse por PENICILINA + GENTAMICINA inicialmente, mientras disponemos de los
hemocultivos.
* La asociación vancomicina + aminoglucósidos por su
elevada nefrotoxicidad requiere monitorización estrecha de la función renal.
A las 48 h de la
extracción de hemocultivos, si estos son positivos iniciaremos el tratamiento
ESPECIFICO, según el siguiente protocolo y teniendo siempre en cuenta las
sensibilidades que aporte el antibiograma.
8.3. TRATAMIENTO MÉDICO
ESPECÍFICO:
Es el
objetivo primordial. Se elegirá en virtud del germen aislado, teniendo también
en cuenta otros factores como la edad del paciente, tiempo de evolución,
posible toxicidad ó efectos secundarios, etc
Streptococcus del grupo viridans y
S. bovis [132-134]:
- Si CMI a Penicilina < 0.1
ug/ml : PENICILINA (12-18 MU/día administrada cada 4-6 h) + GENTAMICINA ó
NETILMICINA (1mg/k/8 h ó 3 mg/K/d en monodosis, durante 2 semanas o PENICILINA
sola durante 4 semanas, especialmente en pacientes ancianos o con función
renal deteriorada (adaptar entonces las dosis al aclaración renal). Una pauta
alternativa y cómoda consiste en sustituir la penicilina por CEFTRIAXONA (2 g.
IV ó IM/24 h) [135-139].
En este tipo
de EI producido por germen muy sensible, en los casos en que no son previsibles
complicaciones intracardiacas ni embolismos (raros tras la primera semana de
tratamiento), la opción IM con ceftriaxona permite considerar un régimen
ambulatorio de administración, que ha demostrado buenos resultados [136,137].
- Si CMI a Penicilina > 0.1 ug/ml
pero < 0.5 ug/ml o tiene otro foco séptico ó la EI lleva más de 3
meses de evolución ó se trata de una endocarditis prótesica (con CMI < 0.1 ug/ml), se prolongará la penicilina a dosis de 18-24 MU ó la ceftriaxona
(2 g/d) hasta 4 semanas, manteniendo el aminoglucósido (a las mismas dosis que
en la pauta anterior) dos semanas [140].
- Si CMI a Penicilina > 0.5 ug/ml ó
se trata de cepas deficientes nutricionalmente (Abiotrophia spp) ó es
una EI protésica (con CMI>0.1 ug/ml), el tratamiento debe ser prolongado con
los dos fármacos (beta-lactámico 4-6 semanas e intentar mantener el
aminoglucósido hasta 4 semanas [140].
En caso de alergia a
betalactámicos, puede emplearse la vancomicina (30 mg/kg/d dividida en dos
dosis) o la teicoplanina (10 mg/kg/12 h los cuatro primeros días y pasar luego
a 10 mg/kg/día en una única dosis), procurando no asociar el aminoglucósido
[140]. Al ser una de las EI mejor
estudiadas los grados de evidencia de estas recomendaciones son altos (I-B).
Enterococus spp:
PENICILINA (18-24 MU/día administradas cada
4-6 h) ó AMPICILINA 2 gr/4h durante 4 semanas + GENTAMICINA 2 - 4 semanas
Los enterococos son más
resistentes que los estreptococos del grupo viridans, con CMIs de 10 a 100
veces más altas y CMB hasta 100 veces superior a la CMI. Además E. faecium
tiene una CMI para penicilina más elevada que E. faecalis. No se dispone
de antibióticos bactericidad frente a Enterococcus spp, por lo que el
tratamiento de este germen requiere la asociación de un beta-lactámico
(penicilina ó ampicilina) con un aminoglucósido que tiene efectos sinérgicos
[140] (grado de evidencia I-B). La ampicilina es 2-4 veces más activa que la
penicilina in vitro por lo que algunos autores prefieren este
antibiótico, aunque no existen diferencias claras in vivo. La mayoría de
los autores recomiendan prolongar el aminoglucósido durante todo el tratamiento
(IIa-C), ya que el índice global de
recidivas es del 15-25%, mucho más alto que para aquellas EI por estreptococos
del grupo viridans. Si la sintomatología es superior a 3 meses o asienta
sobre válvula protésica (mayor índice de recidivas), se prolongaría a 6 semanas
el beta-lactámico y se intentaría mantener el aminoglucósido al menos 4
semanas. Sin embargo, este aserto parte de una base meramente teórica y algunos
autores no han encontrado diferencias con aquellas EI tratadas en las que el
aminoglucósido se administró durante 2 semanas lo que disminuye ciertamente la
toxicidad (ótica, vestibular y renal) [141,142].
Si existe alergia a la
penicilina, debe sustituirse el beta-lactámico por VANCOMICINA.
Algunas cepas de Enterococcus
spp pueden mostrar resistencia a la gentamicina (CMI > 2000 µg/ml), con
nulo efecto sinérgico con el betalactámico (enterococos con alta resistencia a
aminoglucósidos) [143-147]. En ese caso debe analizarse también la sinergia con
estreptomicina, pues hasta un 20% de las cepas pueden no compartir resistencia
cruzada y serían tratables con éste fármaco.
Si son resistentes a todo tipo
de aminoglucósidos, el efecto del beta-lactámico es mucho menor, por lo que la
tasa de fracasos se dispara. Se han propuesto diversas pautas basadas en
resultados in vitro y estudios experimentales, pero sin datos
sufiecientes en humanos, muchas de ellas de difícil cumplimentación y evidente
toxicidad [148-153]. También se ha ensayado la administración de dosis altas de
penicilina ó ampicilina durante 8-12
semanas ó incluso en infusión contínua [154], pudiendo ser necesaria la cirugía
para alcanzar la curación [155]. En este contexto, un grupo de investigadores españoles
ha demostrado una acción sinérgica in
vitro y también in vivo en el
modelo experimental [156,157], entre ampicilina (12 g/d) y ceftriaxona (4 g/d),
siendo esta combinación una pauta muy poco tóxica y bastante eficaz a juzgar
por los resultados preliminares comunicados de un estudio multicéntrico
desarrollado en nuestro país [158] (I-B).
Del mismo modo, algunas cepas
de enterococos (E. faecium sobre todo) pueden mostrar resistencia a los
beta-lactámicos. Esta resistencia puede ser intrínseca
(alteración de la PBP 5) y en este caso podrían tratarse con vancomicina (30
mg/kg/d) ó con teicoplanina (10 mg/kg/d) asegurándonos de la suscepticibiliad a
estos fármacos (resistencia a vancomicina es posible) [159, 160]. Si la
resistencia es en cambio debida a la producción de beta-lactamasas (plásmidos
transmitidos por conjugación), podría usarse ampicilina-sulbactam ó
amoxicilina-clavulánico [161-164]. Finalmente, en 1988 se publicaron los
primeros casos de enterococos resistentes a la vancomicina y la teicoplanina
[165,166]. Esta resistencia está también mediada por plásmidos y aunque estos
aislamientos pueden ser sensibles a quinolonas y daptomicina, el tratamiento
con estos antibióticos parece poco esperanzador [167,168].
Staphylococcus aureus:
Hoy día casi todas las cepas de S.
aureus son resistentes a la penicilina (que en caso contrario sería el
fármaco de elección) mediante la producción de betalactamasas, por lo que el
tratamiento debe realizarse con una penicilina resistente a la penicilinasa, si
bien también existen cepas resistentes a este fármaco por alteración de las
PBP. Podemos distinguir por tanto dos grandes grupos:
- Cepas meticilín-sensibles (CMI < 2 ug/ml): CLOXACILINA 8-12 g/24 h en 4-6 dosis durante 4-6
semanas + GENTAMICINA ó NETILMICINA (1mg/k/8 h ó 3 mg/K/d en monodosis, sin
superar los 240 mg/d) durante 2 semanas [133,134,140, 173,174]. Si asienta
sobre válvula izquierda con complicaciones intra (absceso perivalvular,
formación de fístulas aorto-cavitarias) ó extracardiacas (abscesos esplénicos,
renales ó cerebrales, artritis
séptica...) ó sobre válvula protésica se prolongará la CLOXACILINA 6 semanas.
Varios
estudios han evaluado el papel de los aminoglucósidos en el tratamiento de la
EI por S. aureus. En estudios experimentales se ha demostrado repetidamente que
la combinación de penicilina y un aminoglucósido erradicaba las cepasde S.
aureus de las vegetaciones más rápidamente que la penicilina sola
[175-177]. En estudios clínicos se ha visto que la asociación de una penicilina
isoxazoólica y un aminoglucósido reduce los días de bacteriemia y fiebre,
normalizándose antes la leucocitosis, pero sin disminuir la mortalidad cuando
se la compara con la de los pacientes tratados tan solo con cloxacilina [178]
En la EI derecha puede optarse por un tratamiento largo
(4-6 semanas) y en este caso el uso del aminoglucósido no parece aportar un
beneficio especial (ver antes) por lo que, en aras de reducir la
nefrotoxicidad, el aminoglucósido puede darse tan solo 5-7 días.
Algunas EI derechas no complicadas pueden tratarse con
tan solo 2 semanas [181-183]. En este caso, el aminoglucósido debe mantenerse
las dos semanas para aumentar la acción sinérgica, si bien trabajos posteriores
han demostrado que incluso podría prescindirse de ellos [184].
Una opción interesante por su facilidad de administración
es la de ciprofloxacino y rifampicina (CIPROFLOXACINA 750 mg/12 h +
RIFAMPICINA: 600-900 mg/d durante 4 semanas). Aunque existen datos de
antagonismo entre estos dos fármacos in vitro, varios estudios farmacocinéticos
y experimentales habían mostrado su eficacia in vivo [185-187], demostrándose
además su eficacia en humanos [188]. Un problema serio evidenciado casi desde
su aplicación a la clínica es el alto índice de resistencia de S. aureus a las quinolonas [189], incluso durante el tratamiento, como se ha señalado en
estudios experimentales y también en algunas situaciones clínicas [190, 191].
El hecho de asociar rifampicina
disminuye la aparición de resistencias y en un amplio ensayo clínico esta pauta
resultó suficientemente eficaz y segura para recomendarla en casos no
complicados [192].
- Cepas meticilín-resistentes (CMI > 2 ug/ml): VANCOMICINA 4 semanas (EI derecha) ó 6 semanas (EI
izquierda), + GENTAMICINA ó NETILMICINA (1-2 semanas) si la EI es izquierda. En
EI derechas es posible evitar el uso de aminoglucósidos ó usarlos tan solo 3-5
días, pero no está aconsejada la pauta corta (2 semanas) ya que la vancomicina
no es tan bactericida in vitro como la cloxacilina y este fenómeno de
laboratorio se ha visto luego refrendado por un alto número de fracasos cuando
se utiliza vancomicina durante un tiempo no prolongado [181,193,194]
El papel de la RIFAMPICINA en
el tratamiento de la endocarditis por S. aureus está poco definido.
Aunque es el antimicrobiano más activo in vitro frente a este microorganismo,
no puede administrarse solo por la aparición de cepas resistentes y, por otra
parte, su asociación con los antibióticos beta-lactámicos o la vancomicina
muestra in vitro y en animales de experimentación resultados contradictorios
que abarcan la sinergia, la indiferencia e incluso el antagonismo [195-198].
Sin embargo, los resultados clínicos han sido generalmente buenos, viéndose un
importante aumento del poder bactericida del suero al administrarla y
lográndose éxitos terapéuticos en endocarditis que previamente no habían
respondido al tratamiento antibiótico inicial [180,199]. Esta aparente
discordancia podría explicarse por las excelentes propiedades farmacocinéticas
del fármaco que le permitirían, in vivo, superar la tendencia hacia el
antagonismo visto in vitro frente a beta-lactámicos y glucopéptidos.
Teniendo en cuenta que posee importantes efectos secundarios (colestasis,
nefrotoxicidad, toxicidad dermatológica) es preferible no darla rutinariamente
salvo quizás para dos situaciones clínicas: cuando no hay respuesta con el
tratamiento convencional y se obtiene un poder bactericida del suero
inadecuado, con el fin de aumentarlo, y cuando el paciente tiene abscesos que
pudieran justificar la persistencia o la recidiva de la endocarditis, ya que
difunde muy bien al interior de la mayoría de los tejidos.
En pacientes
alérgicos a betalactámicos puede probarse (si la alergia no es severa) con
CEFAZOLINA (2 g/8 h IV) en el caso de que la cepa sea meticilín-sensible y en
caso contrario ó cepa metilición-resistente, utilizar VANCOMICINA (30 mg/kg/d
en dos dosis). Es preciso aclarar que aunque en cepas meticilín-resistentes el
antibiograma muestre sensibilidad in vitro, se ha visto que por cada 106
UFC de S. aureus meticilín-resistente, puede haber una resistente a
cefalosporinas que no se vería reflejada en el antibiograma [200]. Esta
subpoblación resistente sería la predominante al cabo de unos días de
tratamientio (en los que las colonias sensibles serían aniquiladas) y
explicaría los fracasos terapéuticos observados con las cefalosporinas en cepas
que eran teóricamente sensibles al inicio del tratamiento [201].
La
TEICOPLANINA es también un glucopéptido que ha presentado resultados variables
en eficacia al no estar evaluada desde su inicio la dosis necesaria [202,203].
Sin embargo, a dosis altas (12 mg/Kg/día) y durante un tiempo adecuado (4
semanas), el índice de curaciones es similar al obtenido con la vancomicina
[204-209].
Aunque los estudios sobre la
endocarditis estafilocócica no han sido tan precisos ni tan numerosos como en
la EI estreptocócica en general podemos decir que el grado de evidencia de las
recomendaciones antes enunciadas es también alto (I-B)
Estafilococos
coagulasa negativos (epidermidis y otros)
VANCOMICINA
6 semanas + RIFAMPICINA 600-900 mgr/oral/dia, durante 4-8 semanas (prolongar
el tiempo en caso de endocarditis protésica). Debe añadirse también un
aminoglucósido (GENTAMICINA ó NETILMICINA a 1mg/k/8 h ó 3 mg/K/d en monodosis,
sin superar los 240 mg/d), al menos las dos primeras semanas, si bien aumenta
mucho la toxicidad renal. Aunque son escasos los estudios disponibles esta
asociación es la que ha demostrado mayor efectividad en estudios experimentales
y clínicos, previniéndose con la triple asociación la posible emergencia de
resistencia a ala rifampicina [64, 180, 211-214]
Si es meticilín sensible (CMI <
2 ug/ml) se debe sustituir la vancomicina por CLOXACILINA. Algunas cepas de S. epidermidis muestran heterorresistencia
y sólo una pequeña proporción de estas bacterias (una de cada 10) expresa la
resistencia en ausencia de exposición al antibiótico [212]. Cuando se exponen
a la meticilina, se observa resistencia a las 48-72 horas, lo cual parece una
predisposición genética de este germen. Los test que emplean inóculos bajos (105
en vez de 107) o los que requieren crecimiento rápido (menos de 72
horas) como el de difusión en agar, no detectan la población resistente de
crecimiento lento. Por ello, en ocasiones la respuesta clínica a estos
antibióticos es mala, aunque los antibiogramas muestren sensibilidad a las
penicilinas isoxazólicas y cefalosporinas. En caso de presentar
meticilín-resistencia, aún cuando el antibiograma muestre sensibilidad a
las cefalosporinas, la cepa debe de considerarse resistente a todos los
beta-lactámicos.
La reciente aparición de estafilococos coagulasa-negativos
resistentes a la vancomicina es motivo de preocupación dada la ausencia de
alternativas terapéuticas con demostrada igual eficacia.
Quinupristina/dalfopristina, daptomicina, linezolida, telitromicina, nuevas
cefalosporinas y nuevos glicopéptidos (dalbavancina, oritanvancina y
telavancina) parecen opciones a considerar, pero se necesitan más estudios en
este sentido [215-220] .
Las recomendaciones anteriores no se sostienen contanta evidencia
evidencia científica por el insuficiente número de estudios realizados (IIa-B)
Otros
cocos gram-positivos
Las EI por estreptococos del grupo A o por neumococo, microorganismos
sensibles a la penicilina (CMI<0,1 μcg/ml), son poco frecuentes y se
tratan igual que los estreptococos del grupo viridans. Sin embargo, en
los últimos años está aumentando de forma alarmante en todo el mundo y especialmente
nuestro país el número de cepas de neumococo con resistencia parcial o total a
la penicilina [221-223]. Si la resistencia es parcial (CMI= 0,1-1 mcg/ml) el
tratamiento puede efectuarse aumentando la dosis de penicilina (20-40
millones/día) o cambiándola por una cefalosporina de 3° generación (Cefotaxima
12 g/día, por ejemplo). Si el neumococo es resistente a la penicilina (CMI >
1 mcg/ml), el tratamiento de elección es una cefalosporina de 3° generación o la
vancomicina (2 g/día) [224].
Cocos
gram-negativos
La
EI por meningococo y gonococo puede ser tratada con éxito con penicilina G
(18-24 millones/día) durante 4 semanas. La ceftriaxona se ha mostrado eficaz
en la endocarditis gonocócica y podría ser el tratamiento de elección en los
casos resistentes a la penicilina [225].
Bacilos
gram negativos:
CEFOTAXIMA
2 gr/iv/6 h ó CEFTRIAXONA 2 gr/iv/12 h.+ AMIKACINA 500 mg /iv/12 h. durante 6
semanas.
CEFTAZIDIMA
2 gr/iv/8 h si Pseudomonas spp. + AMIKACINA 500 mgr/iv/12 h. durante 6
semanas.
Si asienta sobre válvula derecha podría reducirse a 4 semanas, siempre
que curse sin complicaciones.
Debido al desarrollo de beta-lactamasas, el antibiograma es
imprescindible en estas EI. Debe mantenerse el aminoglucósido durante al menos
dos semanas [226,227].
Gérmenes
de crecimiento "fastidioso" (HACEK y otras)
La EI por Haemophilus spp, Actinobacillus actinomycetemcomitans,
Cardiobacterium hominis, Eikenella, Kingella y Abiotrophia spp se tratan
con ampicilina y un aminoglucósido durante 4-6 semanas [228,229 ]. Si el
germen es resistente a ampicilina, ésta se sustituye por otro beta-lactámico de
acuerdo con el antibiograma.
Anaerobios:
La EI por microorganismos anaerobios es rara [230], se acompaña de una
elevada mortalidad y está generalmente producida por cocos gram-positivos
anaerobios (Peptococcus spp, Peptoestreptococcus spp) seguidos
de Bacteroides fragilis y Fusobacterium
spp. Si participa B. fragilis se aconseja utilizar metronidazol [231]
siendo el imipenem una alternativa razonable. De lo contrario, el antibiótico
de elección es la penicilina G sódica, manteniéndose en ambos casos el
tratamiento durante 6 semanas [232].
Brucella
spp:
DOXICICLINA
100 mg/12 h po + RIFAMPICINA 900 mg/d po durante 3 meses + ESTREPTOMICINA 1 g/d
IM durante 21 días.
La endocarditis brucelar es una entidad en la que el diagnóstico suele
ser tardío y, como consecuencia, la destrucción valvular conduce con frecuencia
a la necesidad de recambio quirúrgico. No están bien definidos ni la
combinación de fármacos ni tampoco el tiempo necesario de tratamiento. La pauta
propuesta aquí está recogida de un estudio desarrollado en nuestra comunidad en
el que los resultados fueron excelentes en el sentido de no recidivas [233].
Hongos:
ANFOTERICINA B a 0,7-1,2 mg/kg/día ha sido
considerado desde siempre el tratamiento "standard" [234-236] . Sin embargo
este fármaco exige infundirlo lentamente (8-12 horas) a través de una vía
central, durante al menos 6 semanas y produce efectos indeseables frecuentes
durante su infusión (fiebre, rash, cefalea, dolor torácico, prurito. Estos
efectos indeseables se reducen en parte administrando previamente a la
infusión, un antihistamínico y 10 mg de metil-prednisolona, pero el principal
efecto indeseable es la nefrotoxicidad, generalmente con hipokaliemia. Es
recomendable una buena hidratación y aporte de K+ pues se ha visto
que disminuye el daño renal. Administrar por tanto 1.000 - 1.500 cc de suero
fisiológico IV en 24 horas o 250 cc en 1 hora antes de su administración si el
paciente no tolera un mayor aporte líquido debido a su deterioro hemodinámico.
Otra opción que ha demostrado una menor toxicidad es la infusión continua a lo
largo de 24 horas, que exigiría una vía central de doble luz [237,238]. La anfotericina B liposomal aunque menos
tóxica, no ha demostrado una mayor eficacia en estudios prospectivos bien
controlados y presenta el serio inconveniente de su elevado coste [ 239].
Dependiendo de las cepas aisladas
también pueden usarse otros fármacos:
C. albicans, tropicalis,
parapsilosis o guilleirmondii: estas cepas suelen ser sensibles a los
imidazoles, que deben darse a altas dosis: FLUCONAZOL 200 mg IV/12 h) [240].
C. glabrata o krusei: hasta un 30% de estas
especies pueden desarrollar cepas resistentes al fluconazol, por lo que se
aconseja realizar test de resistencias, fiables hoy día con paneles comerciales
estandarizados. Hasta tanto se disponga de resultados puede usarse VORICONAZOL
(200 mg IV/12 horas). Este fármaco también debe de considerarse como primera
elección en los casos de Aspergillus spp [241,242].
Un fármaco recién introducido
que también debemos considerar por su baja toxicidad es la CASPOFUNGINA que
tiene excelente actividad frente a Aspergillus y casi todas las cepas de
Candida. Su uso se aconseja en aquellos casos con insuficiencia renal
(toxicidad por anfotericina) o hepática (toxicidad por imidazoles) y se
administra en una dosis de carga de 70 mg IV/d y luego 50 mg/d IV en una sola
dosis. Aunque los datos sobre su eficacia (comparada con anfotericina B) en un
amplio ensayo clínico excluían los casos de endocarditis [243], posteriormente
se han comunicado casos aislados de EI micótica con buena evolución y escasa
toxicidad [244-246]
Sin embargo, es preciso
recalcar aquí, como veremos más adelante después, la EI por hongos es una indicación absoluta de cirugía precoz
(I-B). El tratamiento médico debe iniciarse mientras la cirugía se programa, en
el plazo más breve posible, y continuarlo tras la intervención, pero ser
conscientes de que el mejor de los antifúngicos es siempre un mal fármaco
(escasa capacidad fungincida), generalmente muy caro y en general muy tóxico,
no comparable su actividad con la de un antimicrobiano frente a una bacteria.
La endocarditis micótica tiene además un índice de fracasos inaceptable con
tratamiento médico exclusivo y una mortalidad muy importante (en torno al 80%)
por su incidencia elevada de macroembolismos y el elevado índice de crecimiento
de sus verrugas. Tras el tratamiento quirúrgico, la mayoría de los autores
recomiendan un tratamiento prolongado posterior (3-4 meses), si es posible, con
un imidazol oral (IIa-B) [234-236].
Coxiella burnetii (Fiebre Q crónica):
En esta entidad el tratamiento combinado ha
demostrado una reducción en el número de recaídas y también en la mortalidad.
DOXICICLINA (100 mg/12 h. po) + CIPROFLOXACINA
(750 mg/12 h. po) es la pauta más usada en los últimos años y la que menos
efectos tóxicos produce [247]. Otras combinaciones posibles son doxiciclina +
rifampicina (casi inviable en pacientes anticoagulados) y doxiclina +
cotrimoxazol.
La duración del tratamiento es
un tema muy discutido. Aunque se ha llegado a recomendar el tratamiento de por
vida (y posiblemente en ciertos pacientes no quede más remedio), parece existir
un razonable consenso para prolongarlo durante 3-5 años [248]. En caso de
intervención quirúrgica, probablemente pudiera acortarse el tiempo a dos años,
si bien no hay una evidencia indiscutible en este sentido. Una opción
especialmente recomendable y propuesta por los autores franceses es prolongar
el tratamiento hasta que los títulos de Ac en Fase I estén por debajo de 1/400
por IFI (suele lograrse entre los 3 y 5 años) y en todo caso no suspenderlo
nunca antes de los dos años, si bien el tomar la serología como parámetro guía
para suspender el tratamiento ha sido cuestionado por algunos autores
(evidencia IIa-B) [249]
Dado que Coxiella burnetii es
un germen intracelular que sobrevive en los lisosomas celulares donde la
doxicilina se inactiva (debido al medio con pH ácido), una posibilidad
interesante es alcalinizar el interior celular, para reforzar así la actividad
del antimicrobiano [250]. En este sentido una opción propuesta por el grupo francés
de Marsella es DOXICICLINA + HIDROXICLOROQUINA (200 mg/8 h po y luego reducir
la dosis a 200 mg/12 h). A pesar de que los resultados preliminares [251]
parecen mostrar ciertas ventajas en el sentido de acortar el tiempo de
tratamiento (tan solo 2 años), la tolerancia no es siempre idónea
(fotosensibilidad, mareos, náuseas) y exige en estas ocasiones una
monitorización de los niveles hidroxicloroquina (determinación mediante HPLC),
lo cual no es siempre una técnica disponible en la mayoría de los hospitales.
Un resumen de los diversos
regímenes propuestos se detalla en las tablas 5, 5 y 7.
Tabla 5. Pautas para el tratamiento de la endocarditis por estreptococos y enterococos
| Microorganismo |
Antimicrobianos |
Dosis y vía |
Duración
(días) |
Comentarios |
|
Estreptocos del grupo viridans y S. bovis
sensibles a penicilina (CMI< 0.1 mcg/ml) |
Penicilina G sódica
ó ceftriaxona
Penicilina G sódica
+ gentamicina
Penicilina G sódica
+ gentamicina
vancomicina |
2-4 millones UI/4 h iv
2 g/24 h iv ó im
2-4 millones UI/4 h iv
3 mg/Kg/día iv *
2-4 millones UI/4 h iv
3 mg/Kg/día iv *
15 mg/Kg/12 h iv |
28
28
14
14
28
14
28 |
Edad > 65 años, déficit VIII par
craneal, insuficiencia renal
No complicaciones y duración de síntomas
< 3 meses
Endocarditis protésica,
Estreptococos con resistencia moderada (CMI
>0.1 y < 0.5) ó beta-hemolíticos
Alergia a penicilina |
|
Estreptococos resistentes a penicilina
(CMI>0.5 mcg/ml y E. faecalis |
Penicilina G sódica
ó ampicilina
+ gentamicina
Vancominica
+ gentamicina |
4 millones UI/4 h iv
2 g/4 h iv
1 mg/Kg/8 h iv †
15 mg/Kg/12 h iv
1 mg/Kg/8 h iv |
28 – 42
28 – 42
28 – 42
28 – 42
28 – 42 |
28 d para válvula
nativa con
< 3 meses de
evolución, 42 d para válvula protésica o nativa de larga evolución
idem, pero con alergia a la penicilina |
* Esta dosis puede repartirse en 1 mg/Kg cada 8 horas ó en una sola
dosis (menor toxicidad)
† En el modelo experimental de endocarditis la administración cada 8 h
del aminoglucósido fue más eficaz que la monodosis.
Tabla 6. Pautas para el tratamiento de la endocarditis por estafilococos
| Microorganismo |
Antimicrobianos |
Dosis y vía |
Duración (días) |
Comentarios |
|
S. aureus en válvula nativa izquierda |
Cloxacilina
+ gentamicina
Cefazolina
ó
vancomicina +
gentamicina
Vancomicina
+ gentamicina |
2 g/4 h iv
3 mg/Kg/día iv
2 g/4 h iv
15 mg/Kg/12 h iv
3 mg/Kg/día iv
15 mg/Kg/12 h iv
3 mg/Kg/día iv |
28 – 42
3 – 5
28 – 42
28 – 42
3 – 5
28 – 42
3 – 5 |
Gentamicina negativiza antes hemocultivo,
pero riesgo de toxicidad
Usar en caso de alergia*
Resistencia a la meticilina ó reacción de
hipersensibilidad a cloxacilina |
|
S. aureus
y
estafilococos coagulasa-negativos en
válvula protésica |
Cloxacilina
+ rifampicina
+ gentamicina
Vancomicina
+ rifampicina
+ gentamicina |
2 g/4 h iv
300 mg/8 horas oral
3 mg/Kg/día iv
15 mg/Kg/12 h iv
300 mg/8 horas oral
3 mg/Kg/día iv |
42 – 50
42 – 50
14
42 – 50
42 – 50
14 |
En casos de resistencia a la
meticilina o alergia a beta-lactámicos |
|
S. aureus en endocarditis sobre válvula derecha |
Cloxacilina
+ gentamicina
Cloxacilina
+ gentamicina
ó
Ciprofloxacino
+ rifampicina
Vancomicina
ó Teicoplanina
+ rifampicina
+ gentamicina |
2 g/4 h iv
3 mg/Kg/día iv
2 g/4 h iv
3 mg/Kg/día iv
750 mg/12 h oral
300 mg/12 h oral
15 mg/Kg/12 h iv
>20 mg/Kg/día iv ó im
600 mg/día, oral
3 mg/Kg/día iv |
28
5 – 14
14
5 – 14
28
28
28
28
28
5 - 14 |
En ausencia de compromiso hemodinámico,
complicaciones embólicas ó metastásicas en territorio extrapulmonar
y vegetaciones >2 cms
En cepas resistentes a meticilina |
* En
caso de reacciones anafilácticas, es preferible no usar cefazolina (hasta un
20% de reacciones cruzadas).
Tabla 7 . Tratamientos en otros tipos.
| Microorganismo |
Antimicrobianos |
Dosis y vía |
Duración (días) |
Comentarios |
|
Bacilos
gram-negativos |
Cefotaxima
ó Ceftriaxona
ó Ceftazidima
+ Amikacina |
2 g/6 h iv
2 g/12 h iv
2 g/8 h iv
500 mg/12 h iv |
42
42
42
14 - 28 |
Fundamental conocer antibiograma
En caso de Pseudomonas spp
Mantenerlo el máximo tiempo |
|
Brucella spp |
Doxiciclina
+ rifampicina
+ estreptomicina |
100 mg/12 h po
900 mg/d po
1 g/d IM |
90
90
21 |
Frecuente necesidad de
recambio quirúrgico |
| Coxiella burnetii |
Doxiciclina
+
ciprofloxacino
Doxiciclina + hidroxicloroquina |
100 mg/12 h po
750 mg/12 h po
100 mg/12 h po
100 mg/8-12 h |
2 – 5 años
2 – 5 años
2 – 5 años
2 – 5 años |
Monitorizar niveles de Ac de
fase I hasta alcanzar 1/400 (IFI)
Fotosensibilidad,
cinconismo. Monitorizar hidroxicloroquina para niveles plasmáticos ≈ 1 mcg/ml |
|
Candida spp |
Anfotericina B
Fluconazol
Voriconazol
Caspofungina |
1 mg/k/d iv en infusión continua
200 mg/12 iv ó po
200 mg/12 iv ó po
70 mg/d iv (1° día) y luego 50 mg/d iv |
90
90
90
90 |
Preferible la infusión continua y adecuada hidratación
En cepas de C.
albicans, tropicalis, parapsilosis, guilleirmondi
C. glabrata, C. krusei
Considerar siempre la opción quirúrgica como de primera elección |
Endocarditis con
hemocultivos negativos
La causa más frecuente suele ser el uso
previo de antimicrobianos antes de la toma de hemocultivos [252,253]. Sin
embargo también deben considerarse los gérmenes que no crecen en medios
sintéticos y aquellos de crecimiento fastidioso o lento. En general deben
considerarse: Coxiella burnetii (no crece en medios sintéticos), Bartonella
spp, Chlamydia spp, Legionella spp , Tropheryma whipplei y
Aspergillus spp (muy poca rentabilidad de los hemocultivos), así como
otros patógenos de difícil crecimiento (Abiothrophia spp y gérmenes del grupo
HACEK) [254] si bien con respecto a estos últimos el uso de medios de cultivo
automatizados y con incubación prolongado ha mejorado notablemente su
aislamiento [255]. En casos de negatividad del hemocultivo, deben emplearse
técnicas serológicas (muy rentables por ejemplo en el caso de Coxiella burnetii
y Bartonella spp) y técnicas de PCR específicas o genéricas
(amplificación del DNAr 16S) en el material valvular, si se dispusiera de él
[89-92]. Tradicionalemente esta endocarditis se había asociado a un peor
pronóstico [256,257 ], especialmente tras la persistencia de la fiebre más de 1
semana (signo indirecto de un posible tratatamiento inadecuado). Hoy día,
gracias a una mayor sensibilidad diagnóstica por parte de los clínicos, un
mayor arsenal de nuevas técnicas diagnósticas (cultivos enriquecidos, cultivos
celulares, técnicas serológicas y moleculares) y un adecuado planteamiento
médico-quirúrgico, esta tendencia parece haberse compensado y en series
recientes el pronóstico no es muy diferente de aquellas EI con hemocultivos
positivos [254].
En general, si existe toma previa de
antimicrobianos y el paciente está estable, puede esperarse hasta una semana
antes de tomar de nuevo hemocultivos, confiando que en este tiempo desaparezca
el egfecto inhibidor del antimicrobiano en sangre. En caso de tener que indicar
un tratamiento es difícil pronunciarse aquí por una determinada pauta. Ésta
deberá estar condicionada por la negatividad de las pruebas serológicas previas
a Coxiella y Bartonella spp (sencillas y de fácil disponibilidad
en cualquier centro), los antecedentes epidemiológicos del paciente (EI nativa
o protésica, manipulaciones previas) y la respuesta al tratamiento empírico
iniciado [258] (generalmente suele utilizarse la combinación ampicilina +
aminoglucósido). No obstante, esta entidad siempre seguirá siendo un reto para
el clínico y debe considerarse como una de las causas para la indicación
quirúrgica electiva si no hay respuesta al tratamiento empírico empleado (véase
más adelante).
8.4. MONITORIZACIÓN DE FÁRMACOS EN EL TRATAMIENTO ANTIMICROBIANO DE LA EI
En
la EI es indispensable utilizar antimicrobianos bactericidas a altas dosis y
durante periodos prolongados. Por ello tan importante es conocer la CMI del
fármaco, como la vigilancia estrecha de los niveles plasmáticos del mismo para
atenuar en lo posible sus efectos tóxicos y asegurar la eficacia terapeútica.
Para esto debe solicitarse los niveles plasmáticos de los antimicrobianos
potencialmente tóxicos 30 minutos después de la dosis (nivel PICO) e
inmediatamente antes de la nueva dosis (nivel VALLE) a los 2 días de comenzado
el tratamiento y con controles semanales. He aquí los valores de referencia:
PICO VALLE
GENTA TOBRA y NETILMICINA 5-12 ug/ml 1-2 ug/ml
AMIKACINA 15-25 ug/ml 3-5 ug/ml
VANCOMICINA 20-40
ug/ml 5-10 ug/ml
Para conseguir unos niveles terapéuticos adecuados, sin
llegar a niveles tóxicos, es recomendable guiarse por el aclaramiento de
creatinina, que nos dará una idea de la función renal y nos permitirá ajustar
las dosis.
En mayores de 65 años se aplicará la ecuación de Cockroft
y Gault, para ajustar el aclaramiento de creatinina calculado (Ccr) que nos
permite bviar la determinación de Creatinina en orina de 24 h.
Ccr (ml/m) = (140 - edad) x peso en Kg / Cr
(mg %) x 72
En mujeres se multiplica el resultado por 0.85
Ejemplo: si el Ccr calculado es igual a 70, se dará el 70% de
la dosis standard.
De
todas formas, existen evidencias bastante sólidas derivadas de los estudios
experimentales de que en la mayoría de las endocarditis pueden usarse los
aminoglucósidos en monodosis [259-262], lo que supone una reducción importante
de su toxicidad (al evitar la desaturación del transportador de membrana en la
célula renal) y obvia la necesidad de monitorización. Tan solo en algunos sobre
endocarditis experimental por enterococo fue superior el régimen de
aminoglucósidos administrado cada 8 horas [263,264]. Por otra parte, estudios
realizados en humanos con endocarditis estreptocócica de bajo riesgo de
complicación han demostrado la eficacia de pautas en unidosis [135,138,139].
Creemos por tanto que los beneficios de una menor toxicidad superan claramente
una hipotética menor eficacia, no demostrada hasta ahora salvo en le estudio
antes mencionado, y por ello siempre recomendamos las pautas en unidosis en
este documento.
8.5. TRATAMIENTO
QUIRURGICO:
La cirugía juega un papel fundamental en el tratamiento
actual de la EI desde las primeras intervenciones en 1965 [265,266] y es, sin
lugar a dudas, una de las responsables de la reducción de la mortalidad en los
últimos tiempos. Suele ser necesaria en esta entidad en el 25-30% de las
ocasiones durante la fase aguda y, de manera diferida, hasta en otro 20-40% de
los casos en que se logró la curación microbiológica [267-269].
Los resultados de la cirugía dependen de muchos factores,
La condición preoperatoria del paciente, el germen responsable, el momento de
la cirugía y su preparación previa, la técnica quirúrgica (incluído el método
elegido para la reparación), el manejo postoperatorio y el seguimiento
posterior. La consideración de que un paciente necesita operarse, el mejor
momento para hacerlo y la evaluación de si el paciente va a ser capaz de
resistir una actuación tan agresiva, son todas ellas decisiones complejas que
exigen una reflexión juiciosa, basada en una amplia experiencia clínica.
Delimitar la frontera entre la necesidad de una actuación quirúrgica (para
resolver una complicación intracardiaca por ejemplo) y adoptar una actitud
expectante hasta la hipotética mejoría del paciente no es un asunto fácil,
especialmente en pacientes muy deteriorados que difícilmente iban a tolerar una
intervención [270,271]. Por otra parte, nuestra memoria puede encontrar
afortunadamente los rostros de pacientes que fueron en su día considerados
"inoperables" y que tras una tensa decisión salvaron la vida gracias al
cirujano. Los factores de riesgo para una mayor mortalidad peri ó
post-operatorio comúnmente aceptados
son la edad, el estado funcional previo (grados de la NYHA), el fracaso
renal y la endocarditis de curso agudo, habitualmente producida por S.
aureus [272-277]. En estos casos es cuando se hace má acuciante tomar una
decisión, porque en general, es siempre preferible operar cuando la cirugía se
realiza precozmente, antes de que la complicación intracardiaca o el estado
general del paciente se deteriore hasta un grado crítico [268,269,278,279]. En
el momento en que se considera necesaria la cirugía ésta debe de hacerse
rápidamente ya que de lo contrario, cada día que pasa aumenta
significativamente la mortalidad. Así, un paciente con una endocarditis mitral
por ejemplo, con una regurgitación mitral severa comprobada mediante ecografía
y "estable" con un diurético y un IECA, tiene una mortalidad quirúrgica de un
15-20%. Este mismo paciente puede estar una semana más tarde en situación de
edema agudo de pulmón precisando inotrópicos y ventilación mecánica, pero en
este caso su mortalidad perioperatoria será del 60% (y evidentemente, del 100%
si no se opera). Es pues necesario desterrar completamente la idea de que hay
que "enfriar" la endocarditis antes de operar [272,276,277,280,281].
La sola extirpación de la verruga, con o sin prótesis acompañante, es capaz de
curar y salvo casos muy concretos (presencia de abscesos paravalvulares con
cultivo positivo), la recidiva en forma de endocarditis protésica precoz es
rara, no superando generalmente el 5 % [282]. La tasa de dehiscencia valvular
depende de la dificultad técnica encontrada para la reparación (mayor si
presencia de absceso) pero no suele superar el 10 % y aunque algunos autores ha
encontrado una tasa mayor de dehiscencias en los casos de EI "activa"
[283,284], esto no ha sido corroborado por otros [285-288], posiblemente por
las mejoras técnicas experimentadas en los últimos años. No compensa por tanto
demorar de manera "peligrosa" una cirugía necesaria en aras de una hipotética
reducción de la tasa de dehiscencia ó recidiva posterior. En este sentido, el
entendimiento con el servicio de Cirugía Cardiaca es fundamental.
Actualmente existen unos
criterios aceptados universalmente para la indicación quirúrgica: son los criterios absolutos (grado de evidencia A-B). Y hay otros
que deben interpretarse de forma individualizada y que por sí mismos no sientan
la indicación, aunque en determinadas circunstancias o bien debido a una
combinación de ellos, la aconsejan: son los criterios relativos (grados
de evidencia B-C).
8.5.1. Criterios
absolutos: Poseen un
grado alto de evidencia (I-B) y deben inclinar a realizar una cirugía
urgente-preferente (24-48 h)
- Fallo cardiaco progresivo, en EI aórtica (¡no debe esperarse a que el fallo sea
completo!) [286,287, 289-293].
- Fallo cardiaco completo ó rápidamente progresivo en localización
mitral que no
responde completamente a tratamiento médico intensivo o que recidiva [286,
288-293].
- Episodios embólicos múltiples (2 o más) tras una semana de tratamiento
antimicrobiano correcto en fármaco y
dosis (germen identificado y CMI conocida) en territorio sistémico, ya que se
ha demostrado que la incidencia de embolismos se reduce drásticamente tras
iniciar el tratamiento antimicrobiano [294,295]. Por tanto, la repetición de
este fenómeno debe hacer considerar la no eficacia del tramamiento médico y
optar entonces por el quirúrgico antes de que el daño sea irreparable. Es
preciso conocer además que los pacientes con más riesgo son aquellos con
localización mitral, edad avanzada, etiología por S. aureus, fibrilación
auricular y antecedente de episodio embólico previo. No se consideran aquí los
embolismos pulmonares sépticos en la endocarditis derecha ya que estos no
agravan significativamente el pronóstico, por lo que no pueden considerarse un
criterio absoluto de interbvención [46,47].
- Bacteriemia (hemocultivos positivos) persistente más de 7 días a pesar de
tratamiento antimicrobiano adecuado (¡sospechar entonces la existencia de
absceso paravalvular!) [296-298].
- Desarrollo de bloqueo AV o BRI que no revierten con tto médico adecuado, ya
que generalmente indican disección del anillo valvular con formación de absceso
y/o trayectos fistulosos [299,300] .
- Pericarditis purulenta.
- Dehiscencia protésica u obstrucción: la obstrucción ó malfuncionamiento protésico
suele verse antes de la dehiscencia en la EI protésica tardía, con rápido
aumento de los gradientes [293, 301].
- Recidiva. En caso de ser la primera recidiva puede intentarse nuevo
tratamiento médico, durante 6-8 semanas a las máximas dosis permitidas .
- Endocarditis por hongos, especialmente los filamentosos. Se debe comenzar con tratamiento
médico y no demorar la intervención más de 7días, como mucho, por el peligro
grande de fenómenos embólicos que son de dimensiones gigantescas y de muy mal
pronóstico. Intentar curar una endocarditis micótica solo con tratamiento
médico es una temeridad [302]. Tan solo en la endocarditis por Candida spp, sin complicaciones intracardiacas evidentes, es posible intentar un
tratamiento exclusivamente médica si las condiciones del paciente no favorecen
un rápido tratamiento quirúrgico [303].
8.5.2. Criterios relativos: No son tan universalmente
aceptados (grados de evidencia IIa-B, IIb-C). Inclinan no obstante también
hacia la opción quirúrgica, aunque puede concederse un tiempo mayor de demora
- Fallo cardiaco que se resuelve con tratamiento
médico. Podría deberse a una situación hiperdinámica (ej. Fibrilación
auricular paroxística) o a una sobrecarga ventricular (fluidoterapia). No
obstante si la regurgitación valvular es importante, exige una vigilancia
estrecha y posiblemente sea necesaria la cirugía, aunque no urgente [290-293].
- Un episodio embólico en territorio sistémico tras la
primera semana de tratamiento antimicrobiano correcto.
- Vegetaciones visualizadas por ECO en EI izquierda
que crecen tras la primera semana de tratamiento antimicrobiano adecuado y/o
que presentan un riesgo embólico acentuado (móviles, pediculadas, localizadas en valva anterior mitral y de
más de 1.5 cms de diámetro máximo). Este tema ha sido muy debatido debatido en
los últimos años, pues mientras algunos autores encuentran una calara relación
de la frecuencia de los fenómenos embólicos con los factores antes enunciados
[304-306], otros obtienen resultadoscontradictorios [307,308]. Por tanto, tan
solo puede considerársele un criterio relativo, sujeto a otras valoraciones
complementarias.
- Cierre precoz de la mitral en la EI aórtica con insuficiencia severa.
- No disponibilidad de tratamiento antimicrobiano bactericida adecuado.
- Fiebre persistente (más de 1 semana) a pesar de
tratamiento médico adecuado sin otra causa demostrable ya que debe hacernos
sospechar un absceso intracardiaco [309,310]. En estos casos es mandatoria la
realización de una ecografía transesofágica, aunque debe recordarse que en las
EI protésicas incluso esta técnica puede no ser diagnóstica. Por otra parte
deben excluirse otras causas de fiebre tales como abscesos extracardiacos,
flebitis ó fiebre por fármacos [311]
- Criterios microbiológicos:
- EI protésica
precoz (sin dehiscencia severa o obstrucción comprobada) excepto por S. viridans altamente sensible a
penicilina [312-315].
- EI izquierda
por S. aureus, especialmente en válvula protésica [284,315].
- EI por
gram-negativos [316], Brucella spp
[317,318] o Coxiella burnetti [318]
.
- EI por
germen no identificado y evolución no satisfactoria con el tratamiento empírico
empleado [252-254].
La simple suma de varios criterios relativos no establece
por si sola la indicación de tratamiento quirúrgico y en todo momento debe
valorarse la situación clínica del enfermo así como su patología (localización
de la endocarditis, microorganismo responsable, tiempo de evolución, situación
hemodinámica y calidad de vida previa...).
Hay que tener en cuenta que no
todos los criterios relativos tienen el mismo valor en los diversos tipos de
endocarditis y así, el deterioro hemodinámico tiene mucho mas valor en la EI
protésica que en la EI derecha, por ejemplo.
En caso de intervención quirúrgica se enviarán muestras a
anatomía patológica y microbiología. En caso de aislarse el microorganismo
responsable en estas muestras se procederá a nuevo ciclo completo de
tratamiento antibiótico (4 - 6 semanas). Si no se aislase microorganismo
alguno en el material extirpado, se continuará el tratamiento ATB hasta
terminar el periodo establecido de antemano, aunque puede dejarse un margen de
al menos DOS SEMANAS de tratamiento [319].
Las técnicas de reparación
quirúrgica son variadas e incluyen:
- Resección valvular
simple: es la técnica de elección en la EID [320.231]. Deja una
insuficiencia valvular severa, pero que se controla fácilmente con
diuréticos.
- Reparación de mitral
mediante valvuloplastia. Puede ser una opción interesante en manos
expertas si la destrucción valvular no es muy intensa [322-326].
- Prótesis biológica:
hechas de pericardio porcino o bovino generalmente. No precisan
anticoagulación, pero su deterioro (fundamentalmente debido a la
calcificación) es acusado a los 7-10 años, especialmente en pacientes
menores de 65 años [327,328].
- Prótesis metálicas:
precisan anticoagulación, pero el deterioro estructural es menor y pueden
durar en teoría toda la vida del paciente, si bien en el hipotético caso
de que la infección no estuviese controlad, serían menos resistentes
[329].
- Homoinjertos
criopreservados: esta técnica está ya disponible en muchos hospitales y
permite la reparación de estructuras aórticas muy dañadas por la
endocarditis. Requiere cierta pericia y los tiempos de circulación
extracorpórea son elevados, pero los resultados son excelentes en
endocarditis que de otro modo serían difícilmente reparables [330,331]. En
los últimos años prótesis biológicas modificadas los han desplazado en
parte por sus características de flexibilidad y sencillez a la hora de la
colocación y el no ser necesario un banco de tejido humano [332]
9. ANTICOAGULACION
Se
ha visto en el modelo experimental que la anticoagulación en la EI sobre
válvula nativa aumenta claramente el riesgo de fenómenos embólicos hemorrágicos,
especialmente en SNC, sin que por ello haya beneficio alguno en la curación
[333-335]. Por ello no debe emplearse en esta patología como instrumento
terapéutico, ya que el tratamiento más eficaz para evitar los fenómenos
embólicos es la propia terapia antimicrobiana [294, 295, 336-341].
Sin embargo, en pacientes hipocoagulados (por ej.
portadores de prótesis metálicas) que desarrollan una endocarditis infecciosa,
algunos autores han visto un aumento del riesgo de embolismos en SNC al
suprimir la anticoagulación [342]. No obstante, otros han referido un aumento
de los eventos hemorrágicos y por ende, de la mortalidad al mantenerla [343].
Esto es especialmente acusado en los casos de EI aguda por S. aureus [344,345].
Por ello, creemos que la anticoagulación puede mantenerse cambiando siempre a
heparina [346] en pacientes con EI protésicas de desarrollo subagudo
(especialmente en válvulas en posición mitral y si el paciente presenta
condición arritmogénica) y asintomáticos de cara al SNC (grado de evidencia:
IIb-C). En los casos en que sospechemos –aunque sea mínimamente- que ya se
haya producido un embolismo en SNC (alta probabilidad de transformarlo en
hemorrágico) debe suspenderse transitoriamente al menos dos semanas y también
parece prudente hacerlo en aquellas EI por S. aureus (alta incidencia de
embolismos), especialmente si tenemos en cuenta que la gran mayoría precisarán
reparación quirúrgica (grado de evidencia: IIb-C).
En los últimos años se han
comunicado trabajos experimentales en los que se apreciaba una reducción en el
número de eventos embólicos, así como una más rápida curación con el uso de
antiagregantes [347,348]. Sin embargo, en humanos su uso ha arrojado resultados
contradictorios [349-352] y con tan corta y dispersa casuística no es posible
pronunciarse en un sentido u otro [353]
10. MANEJO DE EVENTOS EN SISTEMA NERVIOSO CENTRAL
En todos los casos con
sospecha es necesario solicitar un TAC cerebral (ó RNM) antes de mantener el
tratamiento anticoagulante y una medida prudente es realizar siempre en este
grupo de pacientes (con o sin síntomas) el TAC ya que muchos embolismos son
silentes o con muy poca expresividad clínica [354]. En caso de que visualicemos
embolismos, lo más prudente es suspender la anticoagulación durante 1-2 semanas ya que un embolismo isquémico (especialmente
si es extenso) puede transformarse en hemorrágico y esye riesgo es muy elevado
si el paciente está anticoagulado [340,354-356]. Transcurrido este tiempo, la
probabilidad de nuevos embolismos y de sangrado es baja, por lo que puede
instaurarse de nuevo, especialmente en pacientes con prótesis mitral metálica
(alta incidencia de trombosis al suspender la anticoagulación), pudiendo ser
más "permisivos" (índice de coagulación más bajo) con las prótesis aórticas
[357].
En los casos en que se haya producido una hemorragia
cerebral es preciso realizar una angiografía cerebral ya que, aparte de un
embolismo secundariamente hemorrágico, puede que se trate de un aneurisma
micótico, aunque lo más frecuente es que se trate de una arteritis
infecciosa [355-358]. En caso de que se demuestre una lesión sangrante
aneurismática, debe procederse al abordaje neuroquirúrgico mediante
"clip" cerebral ó by pass extracraneal-intracraneal [359, 360], o a
la embolización si es técnicamente posible, antes del recambio valvular. Si el
aneurisma no está roto, pero presenta signos de rotura incipiente (cefalea,
meningismo...) debe intentarse la embolización y si ésta no es posible y el
acceso quirúrgico es complejo, puede optarse por una actitud expectante, ya que
la mayoría suelen resolverse con tratamiento antimicrobiano prolongado [361]. (Figura
2).

Figura 2. Actuación ante un evento neurológico en la EI
Cuando es preciso la
reparación quirúrgica valvular después de un evento en el SNC debe dejarse un
intervalo de 1-2 semanas entre ambos procesos si se ha tratado de un aneurisma
intervenido y ampliarlo a 2-4 semanas si se ha tratado de un embolismo
hemorrágico [362-365]. En caso de que se tratese de un episodio embólico no
hemorrágico en SNC la reparación vlavular puede hacerse precozmente (24-48 h)
tras el evento embólico, pero transcurrido este tiempo, debe esperarse al menos
1 semana. En caso de que el episodio embólico fuese secundariamente hemorrágico
debe esperarse al menos dos semanas, siendo lo ideal (baja probabilidad de
resangrado), si el estado hemodinámico del paciente lo permite, cuatro
(evidencia IIa-B) (Figura 3).

Figura 3. Actuación ante un evento neurológico y el desarrollo de insuficiencia cardiaca en la EI
11. SEGUIMIENTO EVOLUTIVO
Una
vez establecido el diagnóstico en firme, conocido el germen responsable e
iniciado el tratamiento antimicrobiano deben realizarse los siguientes controles:
- Se
solicitarán hemocultivos a los 3 y 7 dias de iniciar el tratamiento. En
la mayoría de los casos los hemocultivos se negativizan a la semana y una
persistencia de la positividad debe orientar hacia una complicación supurada
intracardiaca (por ejemplo, un absceso periprotésico [296-298]) o bien hacia un
regimen no del todo eficaz, bien por inadecuada penetración del fármaco en la
vegetación o por gérmenes de difícil tratamiento, con grandes diferencias entre
CMI y CMB (efecto de "tolerancia" como por ejemplo en los enterococos),
desarrollo de resistencias intra-tratamiento por aumento de la CMI (efecto
inóculo) ó por selección de cepas resistentes (estafilococos
coagulasa-negativos) o inclusive por estar producida por gérmenes escasamente
sensibles a los tratamientos, como por ejemplo los hongos. Por ello, en estos casos debe determinarse la CMI y la CMB del microorganismo
aislado para los antibióticos a los que habitualmente es sensible y
asegurarnos de que los niveles de fármaco en plasma estén siempre por encima de
la CMB si es posible.
Una forma indirecta de
medir la actividad del antibiótico en la vegetación, hoy en desuso, es determinar el poder bactericida del
suero (PBS), que en gran parte depende de la concentración plasmática del
antibiótico. Se entiende por PBS la máxima dilución a que el suero del
paciente, obtenido tras la administración del antibiótico (pico) o
inmediatamente antes de la siguiente dosis (valle), destruye a la bacteria in
vivo. La correlación de un buen PBS con la curación microbiológica del
proceso ha sido siempre un tema controvertido, entre otras cosas por la
variabilidad de los métodos empleados en su determinación y por lo engorroso de
su proceso. En estudios que utilizaron métodos estandarizados se observó una
buena correlación entre el título del PBS y la curación microbiológica de los
pacientes. En uno de ellos [366] no se observaron fracasos terapéuticos cuando
los PBS pico y valle fueron > 1/64 y > 1/32 respectivamente.
En el otro trabajo [367] tampoco se observaron fracasos cuando se obtuvo un PBS
pico > 1/32 en presencia de suero humano al 50%. Por tanto, parece
razonable intentar alcanzar en todos los casos un título de al menos 1/8 -
1/16. Sin embargo, cuando el germen responsable de la EI es un coco
grampositivo (y sobre todo, si es un Streptococcus grupo viridans) y el
antibiótico utilizado un beta-lactámico con CMI y CMB frente al mismo adecuadas,
no es necesario medir este parámetro, porque con las dosis habituales de
antibiótico se consigue un PBS > 1/128. Sin embargo, cuando la EI
está producida por enterococos, bacilos gramnegativos, gérmenes resistentes o
tolerantes a alguno de los antimicrobianos utilizados, se está empleando una
asociación de antibióticos no habitual, no se utiliza la vía parenteral, la
vegetación es de gran tamaño o no hay respuesta adecuada al tratamiento, es
útil monitorizar el poder bactericida del suero o en su defecto, medir los
niveles plasmáticos de los antimicrobianos utilizados para valorar mejor la
eficacia del tratamiento. Hay que dejar bien claro sin embargo que la medición
del PBS tiene un valor predictivo positivo alto, pero no así el negativo y que
por tanto, el hecho de no alcanzar los títulos antes enunciados no quiere decir
necesariamente que el paciente no vaya a curarse, por lo que la evolución
clínica (persistencia de la fiebre, fenómenos embólicos, deterioro hemodinámico)
debe siempre de primar en las decisiones sobre la modificación o no de los
tratamientos [368].
- Semanalmente se controlarán hemograma, GUI y creatinina. Se hará tambien Rx de tórax y ECG cada 3-4 días inicialmente y si se logra la estabilidad, semanalmente. La
prolongación del intervalo PR suele verse en EI mitrales y revela edema
perilesional que afecta al sistema de conducción (nodo AV, próximo al aparato
valvular mitral), por lo que suele regresar en pocos días. En cambio, la
aparición dolor isquémico + alteraciones en el ST ó de un bloqueo de rama ó AV
debe hacernos sospechar un absceso paravalvular aórtico con un más que probable
trayecto fistuloso (incluso con disección coronaria), por lo que es una
indicación absoluta de cirugía [299,300].
- Medición de la fiebre.
Si persiste o reaparece, deben extraerse nuevos hemocultivos, que si son
positivos para el mismo germen obligarán a replantearse el tratamiento
(germen resistente o formación de absceso paravalvular).
En caso de que sean negativos
deben valorarse las siguientes posibilidades:
- Aparición de nuevos focos sépticos (artritis, empiema,
absceso perirrenal, absceso esplénico...), en los que los que existe un gran
población bacteriana y la penetración del antimicrobiano es deficiente. La
aparición de signos heraldos (por ejemplo, dolor abdominal en el absceso
esplénico) puede orientar hacia la solicitud de nuevas pruebas diagnósticas
(ecografía, TAC).
- Descartar existencia de flebitis por catéter y aún en
caso de duda cambiar la vía enviando la punta del catéter para cultivo
semicuantitativo (Maki) a microbiología. Si es una vía central, actuar
siguiendo el protocolo establecido en el centro para infecciones por catéteres.
- Fiebre medicamentosa. Suele comenzar a los 7-10 dias
de iniciado el tratamiento y puede acompañarse de signos orientativos (rash cutáneo pruriginoso, descamación de piel,
eosinofilia...) y también de empeoramiento en el aclaración renal (toxicidad
por el propio fármaco y realce de sus efectos secundarios al disminuir su
aclaración). Es particularmente frecuente cuando se emplea vancomicina ó
anfotericina, pero también puede darse con cloxacilina (nefritis intersticial
alérgica) y también con otros beta-lactámicos a altas dosis [311].
- Persistencia de foco infeccioso intracardiaco activo:
absceso paravalvular o intramiocárdico que pueden ser sospechados por aparición
de trastornos de la conducción pero que raras veces son objetivables en la ECO
2D, debiéndose entonces realizar una ECO transesofágica de cara a decidir el
tratamiento quirúrgico. La persistencia de fiebre, taquicardia en reposo y
leucocitosis es un dato muy orientativo en este sentido [309,310].
Hay que hacer notar que en presencia de fracaso renal y
si el tamaño de las vegetaciones es mayor de 2 cm (diámetro mayor en cualquier
proyección ecográfica) el tiempo de defervescencia es más prolongado, especialmente
en la EI derecha [46,47]. En esta entidad, dado su escaso deterioro
hemodinámico no es necesario el planteamiento quirúrgico a priori por esta
eventualidad.
Cuando haya dudas entre las posibilidades 3-4, se
suspenderá tratamiento durante al menos 48 h, extrayendo entonces
hemocultivos. Si la fiebre desaparece y los hemocultivos son negativos la
posibilidad 3 será la más probable. Si son positivos y la CMI y los niveles
plasmáticos eran adecuados, el punto 4 será el más probable por lo que, dependiendo
del resto de factores se optará por seguir durante el máximo tiempo recomendado
(generalmente 6 - 8 semanas) el tratamiento médico y/o recurrir a la cirugía.
- Al completar el tratamiento
antimicrobiano es imprescindible realizar hemocultivos de control a las
48-72 h con el fin de asegurar la curación bacteriológica. También es
conveniente realizar ECO de control previa al alta si el paciente presentaba vegetaciones, teniendo en cuenta que
aunque su tamaño suele disminuir, pueden permanecer durante muchos meses,
aunque ya lógicamente estériles [369]. Sin embargo serán siempre una amenaza
permanente de nueva colonización bacteriana e incluso pueden dar embolismos
tardíos meses después de lograda la curación microbiológica, aunque esto es
poco frecuente [370]. Por otro lado, hay que considerar que la verruga
endocárdica en una válvula destrozada se comporta, aunque muy burdamente, como
una válvula al fin y al cabo. Al producirse la curación microbiológica comienza
también el proceso de retracción, por lo que la insuficiencia valvular, lejos
de disminuir, va a aumentar con la curación. Esto va a hacer necesario un
recambio valvular posterior por motivos puramente mecánicos. Debe considerase
siempre esta posibilidad antes del alta (el paciente empeorará en su
domicilio...) cuando hay una regurgitación valvular severa [280,301,371].
- El seguimiento se realizará
en consultas externas, con al menos tres revisiones clínico bacteriológicas
a los 1-2, 3-4 y 6 meses que comprenderán: hemograma, VSG, GUI,
creatinina, hemocultivos y/o serología, Rx de tórax y ECG. Se hará al menos un
control ecocardiográfico y una nueva evaluación quirúrgica dependiendo
de sus estado funcional si el paciente no se había intervenido en la fase
aguda. En caso de que se colocara prótesis cardiaca, se evaluará mediante
ecografía el adecuado funcionamiento y la aparición de recurrencias (5-15%) o
dehiscencias asépticas (15%-25%) [72,312, ]. En caso de EI micótica ó brucelar
que exigen un periodo de tiempo prolongado el seguimiento será de un año como
mínimo. La endocarditis por fiebre Q va a precisar un tratamiento aún más
prolongado (2 – 5 años), por lo que el seguimiento posterior deberá ser
igualmente prolongado, facilitando al paciente la accesibilidad al centro especializado
ante la reaparición de fiebre.
12. PREVENCIÓN DE LA ENDOCARDITIS INFECCIOSA
La alta mortalidad de la endocarditis
infecciosa y el hecho de que conozcamos los fundamentos patogenéticos de su
desarrollo, justifica sobradamente la atención prestada para su prevención. Las
medidas preventivas incluyen recomendaciones higiénicas (por ejemplo la higiene
buco-dentaria) pero también la evitación de bacteriemias en determinados
procedimientos diagnósticos o terapéuticos que pudiesen desencadenar el
proceso. Es preciso decir desde el principio que estas recomendaciones están
basadas en opiniones de expertos [374] con escasa evidencia científica (nivel
C). Diversos estudios en modelos animales han demostrado la utilidad del uso de
antimicrobianos en la prevención evitando la adhesión de los microorganismos al
endotelio lesionado, incluso con dosis subinhibitorias [375], por lo que, en
teoría, su uso "preventivo" podría abortar muchas de las hipotéticas
endocarditis que podrían desencadenarse en pacientes especialmente
predispuestos. Sin embargo el uso indiscrimado de antimicrobianos no está
exento de riesgos, como el aumento de reacciones adversas (en ocasiones grave
como la anafilaxia) y selección de cepas de microorganismos resistentes [ 376].
Parece por tanto razonable su empleo en
aquellas circunstancias con mayor riesgo para desarrollarla en función del tipo
de cardiopatía predisponente y del riesgo de desarrollar bacteriemia asociado a
un determinado procedimiento (tabla 8) [377,378].
Como no es posible recomendar una pauta que elimine el riesgo de endocarditis
en todos los casos, será necesario utilizar el buen juicio clínico para valorar
la necesidad de profilaxis en casos determinados. Así algunos autores solo la
consideran en aquellos casos con cardiopatía de riesgo moderado, la existencia
de edad avanzada, enfermedades crónicas, inmunodepresión o mala higiene
bucodental.
12.1. Cardiopatías predisponentes (tabla 9)
La AHA en sus últimas recomendaciones del
año 1997, consideró varios niveles de riesgo según el tipo de cardiopatía
predisponente [378]. Los pacientes con cardiopatía deberían disponer de
información escrita detallada del tipo de lesión y de los procedimientos de
riesgo en los que se les aconseja utilizar profilaxis. Distinguimos así
diversos grupos de pacientes:
- Pacientes de
riesgo elevado: En ellos
estaría indicada la profilaxis en todos los casos.
- Prótesis valvulares
- Pacientes con
endocarditis previa
- Cardiopatías
cianosantes complejas (Tetralogía de Fallot, ventrículo único)
- Shunt
sistémico-pulmonares
- Pacientes de
riesgo moderado: Se recomienda
utilizar profilaxis tan solo en procedimientos de alto riesgo
- La mayoría de las
cardiopatías congénitasª (CIV, ductus arteriosus, coartación aorta,
aorta bicúspide, CIA ostium primun)
- Resto de las
disfunciones valvulares adquiridasª
- Miocardiopatía
hipertrófica
- Prolapso mitral con
regurgitación y/o engrosamiento de valvas (especialmente en varones > 45
años)
(ª) algúnos expertos las consideran dentro de las
cardiopatías de riesgo elevado [377].
12.2. Procedimientos con riesgo de bacteriemia (tabla 10)
Son el otro pilar en que debe basarse la indicación
de profilaxis. Existen discordancias entre los expertos en relación con el
riesgo de bacteriemia para los diferentes procedimientos, por lo que
desglosaremos los procedimientos:
- Procedimientos dentales
- La extracción de piezas
e intervenciones que interesen la encía se asocian a bacteriemia con mayor
frecuencia. Sin embargo, varios estudios
caso-control no han demostrado que estos procedimientos se asocien con mayor
frecuencia con endocarditis [379,380]. Además, en la mayoría de los casos
ocasionados supuestamente por microorganismos de la flora oral, los pacientes
no refieren un antecedente reciente de manipulación dental y es sabido que
puede ocasionarse bacteriemia con la simple masticación o el cepillado dental,
sin necesidad de otras manipulaciones más agresivas, por lo que dudosamente
vamos a prevenir la inmensa mayoría de las bacteriemias [380].
- Por todo ello la
indicación de usar profilaxis antibiótica no tiene por el momento evidencia
científica [381]. Sin embargo, por los motivos aducidos al inicio de este
capítulo, parece razonable indicarla en procedimientos con alto riesgo de
bacteriemia, especialmente si es de alto inóculo (tabla 9), y que se
desarrollen en pacientes con cardiopatía de mayor riesgo y también considerarla
al menos en los de riesgo moderado.
- Al mismo tiempo,
resulta indispensable mantener una higiene dental adecuada y realizar las
intervenciones necesarias previamente a la sustituciones valvulares
programadas. También puede ser útil la utilización de enjuagues orales con un
antiséptico como clorhexidina (0,12-2%) previamente al procedimiento.
- Procedimientos ORL
- La amigdalectomía (35%)
y otras intervenciones que interesen la mucosa del tracto respiratorio superior
se asocian a bacteriemia con frecuencia, por lo que se recomienda profilaxis
[382].
- Procedimientos
digestivos
- Las intervenciones
esofágicas por vía endoscópica como la
escleroterapia de varices (32-40%) y dilatación esofágicas (12-72%),
ocasionan con frecuencia bacteriemia. La cirugía biliar y la
colangiopancreatografía retrograda endoscópica (15-39%), especialmente cuando
existe obstrucción e infección, también conllevan un riesgo elevado de bacteriemia
[382].
- Procedimientos
genitourinarios
- Procedimientos con
mayor riesgo de bacteriemia: resección prostática transuretral, dilatación y
sondaje uretral [382].
- Estos procedimientos se
asocian con bacteriemia especialmente cuando existe infección preexistente, por
lo que el factor clave en estos casos sería la detección y tratamiento previo
de la bacteriuria antes de proceder a la manipulación.
- Otros
procedimientos:
- La manipulación de
tejidos infectados conlleva también un riesgo de bacteriemia, especialmente en
abscesos e infecciones de tejidos blandos, en los que debería iniciarse
previamente el tratamiento adecuado según cada caso. En caso contrario debería
administrarse la primera dosis del antimicrobiano previamente al procedimiento
quirúrgico.
- Recientemente se han
comunicado algunos casos relacionados con la colocación de "piercing". Aunque
no existe evidencia de la utilidad de la profilaxis con antimicrobianos ésta
debería considerarse en pacientes con cardiopatía de alto riesgo, si bien debe
insistirse en extremar las medidas de asepsia en su colocación [383].
- En los últimos años se
ha observado un incremento de las endocarditis nosocomiales relacionadas con
manipulaciones vasculares, ocasionadas en su mayoría por Staphylococcus
aureus, no existiendo hasta el momento ninguna evidencia de la eficacia del
empleo profiláctico de antimicrobianos. En este sentido resulta imprescindible
la prevención y tratamiento adecuado de las infecciones asociadas a catéteres
intravasculares, especialmente en aquellos pacientes con cardiopatías
predisponentes de riesgo alto y moderado [384,385].
- En cirugía cardiaca
está indicada realizar profilaxis con la misma pauta que se recomienda para la
intervención, fundamentalmente destinada a la prevención de la infección de la
herida quirúrgica.
Tabla 8. Recomendaciones de profilaxis antibiótica en endocarditis infecciosa
| Riesgo de bacteriemia en relación con el procedimiento |
Riesgo de desarrollar endocarditis según cardiopatía predisponente |
| Elevado |
Moderado/Bajo |
| Elevado |
Recomendada
(Clase CI) |
Considerar
(Clase C II) |
| Bajo |
Considerar
(Clase C II) |
No
indicada (Clase C II) |
Tabla 9. Riesgo para endocarditis según cardiopatía predisponente
| Elevado |
Moderado |
Bajo |
|
Prótesis valvulares
Endocarditis previa
Cardiopatía cianosantes
Shunts
sistémico-pulmonares |
Valvulopatías
adquiridas(*)
Prolapso mitral con insuficiencia
Miocardiopatía
hipertrófica obstructiva
Resto de cardiopatías
congénitas |
Prolapso mitral sin
insuficiencia
CIA aislada
Marcapasos y
desfibriladores
Enfermedad coronaria
Soplos funcionales |
(*) Algunos autores consideran la insuficiencia mitral y aórtica de
cualquier etiología de riesgo elevado
Tabla 10. Riesgo de bacteriemia con distintos procedimientos diagnósticos y terapéuticos
| Procedimiento |
Riesgo elevado |
Riesgo bajo |
|
Dental |
Extracciones
dentales, implantes y todos los que impliquen traumatismo gingival ó sobre la
mucosa (sangrado) |
Resto de procedimientos,
ortodoncia, inyección de anestesia local intrabucal |
|
ORL
y tracto respiratorio |
Amigdalectomía
Adenoidectomía
Broncoscopia
rígida |
Intubación
endotraqueal
Fibrobroncoscopia |
|
Digestivo |
Dilatación esofágica
Esclerosis de varices
Colangio-pancreatografía
retrógrada endoscópica con obstrucción tracto biliar
Cirugía biliar ó sobre la mucosa del tracto digestivo |
Ecocardiografía
transesofágica
Endoscopia
con ó sin biopsia |
|
Genitourinario |
Citoscopia,
dilatación uretral, sondaje vesical en presencia de infección
Biopsia
prostática |
Cateterismo,
dilatación uretral ó sondaje, en ausencia de infección
Litotricia
Cesárea
Histerectomía
vaginal
Insersión
de DIU |
|
Cutáneos |
Cirugía
sobre tejidos infectados |
|
12.3. Pautas antibióticas recomendadas [377-379, 386]
Como norma general los antimicrobianos con fines
profilácticos deben administrarse por vía
oral o parenteral previamente al procedimiento (1-2 horas), de manera
que alcancen concentraciones elevadas en suero durante el mismo. Para ello es
preciso administrar dosis altas habitualmente únicas, salvo en intervenciones
prolongadas. En pacientes que no toleren la vía oral, puede utilizarse la vía
intramuscular e intravenosa, aunque la primera debe evitarse en pacientes
anticoagulados. La vancomicina debe administrarse en perfusión intravenosa
durante 1 hora. Los pacientes que hayan
realizado previamente tratamientos prolongados con betalactámicos deben recibir
un antimicrobiano distintos (macrólidos o glicopéptidos) por la posibilidad de
que sean portadores de microorganismos
resistentes a estos fármacos. Tras la administración de una primera dosis antes
del procedimiento no se considera necesaria una segunda dosis tras el mismo
salvo en pacientes de muy alto riesgo
- Procedimientos
dentales, sobre la mucosa orofaríngea, esofágica o respiratoria
- Pacientes que toleran
vía oral: Amoxicilina 2 g por vía
oral, 1 hora antes
- Pacientes que no
toleran la vía oral: Ampicilina 2 g IM ó IV
30 minutos antes
- Pacientes alérgicos a
la penicilina:
- Clindamicina 600 mg VO
1 hora antes ó
- Claritromicina 500 mg
VO 1 hora antes
- Alérgicos a penicilina
e intolerantes a la vía oral
- Vancomicina 1 g vía IV,
1-2 horas antes ó
- Teicoplanina 400 mg IM
ó IV, 1 hora antes ó
- Clindamicina 600 mg
IV, 30 minutos antes
- Procedimientos
genitourinarios y digestivos
- Pacientes con riesgo
moderado que toleren vía oral:
Amoxicilina 2 g VO mas
gentamicina 1,5 mg/kg IM ó IV 30 minutos antes
- Pacientes con riesgo
moderado que no toleren vía oral:
Ampicilina 2 g IV ó IM
más gentamicina 1,5 mg/kg IM ó IV 30 minutos antes
- Pacientes con riesgo
elevado:
Ampicilina 2 g IV ó IM
más gentamicina 1,5 mg/kg IM ó IV 30 minutos antes.
Se aconseja repetir
dosis de amoxicilina 1 g VO ó Ampicilina 1 g IV/IM a las 6 horas del
procedimiento
- Pacientes alérgicos a
penicilina:
Vancomicina 1 g IV ó
Teicoplanina 400 mg IM ó IV mas gentamicina 1,5 mg/kg IM ó IV 1-2 horas ante
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